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Escrito por:  Fabián Ramírez
Subeditor     Oct 5, 2026 - 6:13 am

Han pasado varios años desde la cinematográfica fuga de la excongresista Aída Merlano, ocurrida el primero de octubre de 2019 en un centro médico al norte de Bogotá cuando saltó por una ventana utilizando una cuerda roja. Sin embargo, detrás del sonado caso mediático quedó una víctima invisible: Javier Cely, el odontólogo que le diseñó la sonrisa ese mismo día. En una profunda entrevista concedida al programa Los Informantes, el especialista rompió el silencio para relatar cómo una simple cita profesional destruyó su vida, su patrimonio y su tranquilidad.

Cely explicó cómo se dio el contacto inicial: un colega lo llamó para pedirle el favor de atender a una paciente inconforme con trabajos previos de diseño de sonrisa. Aunque sabía que la excongresista estaba privada de la libertad, el odontólogo aclaró que él no fijaba las fechas, sino que estas dependían de los permisos otorgados por el Inpec. El día de los hechos, Cely llegó puntualmente al consultorio, donde un guardia del Inpec se sentó a su lado durante el procedimiento.

Durante la cita, Merlano le pidió permiso para hablar con sus hijos, Aída Victoria y Esteban (quien era menor de edad en ese momento). Conmovido por el reencuentro familiar, el odontólogo salió momentáneamente del consultorio para darles privacidad. Asimismo, Cely explicó que debido a que no se encontraba en su propio consultorio habitual y no tenía auxiliar, debió entrar y salir en repetidas ocasiones para buscar materiales e instrumentos necesarios para el procedimiento.

“Yo salgo y entro del consultorio porque como donde yo lo estaba atendiendo no era mi consultorio… En esa clínica no tenían todo lo que yo necesitaba dentro del consultorio y yo tenía que salir a pedir materiales o cosas que necesitaban. Yo no tenía auxiliar en ese momento dentro del consultorio”, detalló.

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Al terminar la intervención, Merlano se miró al espejo, le agradeció, le dio un abrazo de despedida y él se marchó rumbo a otra cita urgente. A los quince minutos, una llamada cambió su destino para siempre: “Javier, su paciente tiró por la ventana”. Al regresar al lugar, se encontró con autoridades judiciales y policiales que comenzaron a interrogarlo.

Lo que siguió fue un verdadero calvario. Cely fue imputado por cargos graves como favorecimiento de fuga e instrumentalización de menores, enfrentando una posible condena de hasta 15 años. Pasó cinco noches privado de la libertad, experimentó celdas sin comodidades básicas y soportó el asedio mediático que lo señaló injustamente como cómplice.

Económicamente, el proceso jurídico y la pérdida de su clínica lo dejaron sin recursos, obligando a su familia a vender vehículos y bienes para costear la defensa. Emocionalmente, enfrentó profundos episodios de depresión y ansiedad. No fue sino hasta el 6 de septiembre de 2022 cuando un juez penal en Bogotá lo absolvió de todos los cargos, reconociendo su total inocencia.

Años después, la propia Aída Merlano reconoció en audiencias judiciales la inocencia del especialista y le pidió perdón públicamente por haberlo involucrado. Hoy en día, tras tres años con la vida en pausa, Cely intenta salir adelante trabajando en la clínica de su hermano, cargando con una dura lección que le dejó la vida.

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