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Este artículo fue curado por Carlos Diaz   Mar 2, 2026 - 4:13 pm
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En el corazón del centro de Bogotá se levantó hace más de una década una promesa que buscaba redefinir el perfil urbano de la capital.

El proyecto BD Bacatá nació con la ambición de convertirse en la torre más alta de Colombia y en un símbolo de renovación para una zona tradicionalmente relegada frente a otros corredores inmobiliarios de la ciudad.

Su modelo de financiación fue tan ambicioso como su altura proyectada. A través de derechos fiduciarios conocidos como Fidis, miles de inversionistas participaron en la construcción del complejo, bajo la promesa de obtener retornos asociados a un componente hotelero y comercial de gran escala.

El proyecto contemplaba dos torres. La torre sur, con 67 pisos, superaría en altura a cualquier otra edificación del país. La torre norte integraría vivienda, comercio y servicios. Durante los primeros años, la obra avanzó con rapidez y se convirtió en símbolo de innovación financiera y arquitectónica.

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BD Bacatá: qué pasó con el edificio más alto de Bogotá

Sin embargo, el esquema financiero empezó a mostrar señales de fragilidad. Los costos crecieron, los cronogramas se ajustaron y la liquidez comenzó a escasear. La dependencia de aportes atomizados y proyecciones optimistas dejó al proyecto expuesto ante cualquier desviación presupuestal. A ello se sumó la contundencia en la afectación económica por la llegada de la pandemia.

La torre norte logró entrar parcialmente en operación, pero la torre sur quedó inconclusa. La falta de recursos obligó a frenar su culminación y a buscar alternativas para evitar el abandono del complejo.

La estructura levantada, pero sin terminar, se convirtió en recordatorio visible de los riesgos asociados a desarrollos de alta complejidad cuando la planeación financiera no acompaña el ritmo de la construcción.

Así terminó el primer acto: una torre que prometió tocar el cielo, pero que dejó en evidencia que la altura también se mide en la solidez de sus cimientos financieros.

Exclusiva | La torre que prometió tocar el cielo de Bogotá: BD Bacatá (primer capítulo)
Exclusiva | La torre que prometió tocar el cielo de Bogotá: BD Bacatá (primer capítulo)

El renacer de la torre más alta de Colombia, BD Bacatá: llega un nuevo constructor

Mientras la torre sur quedaba detenida, la torre norte comenzó a llenarse de vida. Son 405 apartamentos y 117 oficinas que fueron ocupados por familias y empresas que apostaron por el centro de la capital colombiana.

Los primeros años estuvieron marcados por ajustes operativos. Hubo desafíos en la estabilidad de algunos servicios y en la administración del edificio, propios de una estructura de gran altura que entraba en fase de operación en medio de una crisis financiera mayor.

La normalización del pago de cuotas de administración se convirtió en un reto clave para garantizar mantenimiento y sostenibilidad. Con el tiempo, la empresa TotalCo, liderada por el empresario Giovanni Vargas y con Mauricio Giraldo como gerente, asumió un rol determinante en la reorganización administrativa.

Bajo su liderazgo, se establecieron acuerdos con residentes, se fortalecieron procesos internos y se estabilizó la operación cotidiana de la torre norte que hoy ha mejorado la experiencia de vida y de trabajo para miles de personas que hace años denunciaban en redes la falta de agua y las fallas en servicios como los ascensores.

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La experiencia previa de Vargas en el proceso de recuperación, inversión y puesta en marcha del Edificio San Martín en el centro internacional de Bogotá fue un antecedente vital para ganar confianza y estructurar la nueva etapa de BD Bacatá.

Edificio San Martín en el centro de Bogotá. Foto de Valora Analitik
Edificio San Martín en el centro de Bogotá. Foto de Valora Analitik

Hoy, la torre norte representa el componente estabilizado del proyecto, demostrando que la gestión posterior a la construcción es tan determinante como la obra misma.

En el siguiente capítulo de este especial de Valora Analitik contaremos cómo la visión de un constructor, de sus aliados financieros y la gestión de una fiduciaria revivieron el emblemático proyecto del edificio más alto de Colombia que, además, cambiará de nombre.

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