Se cumple un año del asesinato del periodista Óscar Gómez Agudelo, un hecho que conmocionó a Armenia y al departamento del Quindío por las circunstancias violentas y por las dudas que aún persisten sobre su autoría intelectual. La mañana del 24 de enero de 2025 la ciudad se vio sorprendida por la noticia del homicidio: Gómez, de 56 años, fue atacado mientras se dirigía a la emisora Rumba del Café 92.1 FM para tomar el micrófono de su habitual programa ‘La Comunidad por la Comunidad’. Según lo reportado por Crónica del Quindío, un sicario lo interceptó, le disparó varias veces tras llamarlo por su nombre, y huyó junto a un cómplice en motocicleta rumbo al barrio Galán.
La tragedia fue relatada en directo por sus compañeros de cabina, quienes se encontraban a escasos metros. Minutos antes, el periodista había asistido a una misa en homenaje a su madre fallecida. La escena, cubierta por el desconcierto y el temor, se transformó rápidamente en un suceso que exigía respuestas de las autoridades. Pese a la rápida captura y condena de los ejecutores materiales, sigue sin conocerse quién fue el autor intelectual ni cuál fue el motivo definitivo detrás del crimen, un elemento clave que otorga al caso su carácter inacabado.
Gómez Agudelo era una figura de intensos contrastes y notoriedad pública. Más allá de su labor periodística y comunitaria, acumuló trayectoria política como concejal, diputado y representante a la Cámara por el partido Cambio Radical. Sin embargo, su carrera cayó en desgracia en 2009 tras ser expulsado del partido por denuncias publicadas por el periodista Édgar Artunduaga, quien expuso presuntos vínculos de Gómez con desapariciones y delitos de alto impacto, aunque nunca hubo condena judicial en su contra. Estas manchas en su historia no le impidieron continuar sumando apoyos y en 2023 obtuvo más de 7.500 votos como aspirante a la alcaldía de Armenia por el movimiento Salvación Nacional.
Respecto a la investigación, la Fiscalía 13 Especializada y la Policía Nacional descubrieron que el asesinato fue planeado en el Valle del Cauca, desde donde viajaron los sicarios tras recibir instrucciones y pagos específicos: $10 millones repartidos entre el intermediario, el ejecutor material y los cómplices encargados de la logística y huida. Operativos en Cali y Cauca permitieron capturar a los responsables, quienes, salvo Johan Andrés Mena Escobar (alias ‘Bosa’), aceptaron su responsabilidad a cambio de una sentencia de 212 meses (17 años y 6 meses) por homicidio y porte ilegal de armas.
La familia del comunicador, encabezada por Carlos Arturo Gómez, ha expresado insatisfacción con la pena impuesta y apeló la decisión ante el Tribunal Superior del Quindío, considerando que el crimen atenta contra la libertad de prensa y merece mayor rigor judicial. Lo cierto es que, a pesar de las condenas dictadas, queda sin resolver la pregunta fundamental: ¿quién y por qué pagó por la muerte de Óscar Gómez Agudelo? En sus últimos días, el periodista denunció amenazas y aseguró haber dejado información clave en manos de personas de confianza, una pista que la Fiscalía aún analiza mientras este caso amenaza con sumarse al fenómeno de la impunidad en crímenes contra periodistas en Colombia.
¿Por qué es tan difícil identificar a los autores intelectuales en crímenes contra periodistas?
En el caso de Óscar Gómez Agudelo, la investigación logró determinar con precisión quiénes ejecutaron el crimen y cómo se repartió el pago entre los implicados. Sin embargo, uno de los desafíos más grandes en asesinatos de periodistas es establecer la responsabilidad del autor intelectual —aquella persona que encargó y financió el crimen— y conseguir pruebas judiciales sensibles y contundentes para llevarlo ante la justicia.
Estas dificultades suelen originarse en la capacidad de los autores intelectuales para utilizar intermediarios, asegurar el silencio mediante amenazas o pagos y borrar rastros que los vinculen directamente con el asesinato. Además, el miedo a represalias y la complejidad de las redes de poder que se esconden detrás de muchos de estos casos influyen en que la verdad no siempre salga a la luz, representando un obstáculo persistente para el acceso a la justicia y la protección de la libertad de expresión.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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