Por: El Espectador

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Este artículo fue curado por pulzo   Ene 21, 2026 - 6:19 am
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Armenia, a inicios del siglo XX, presentaba un panorama muy diferente al que se conoce hoy. Era apenas una aldea compuesta por siete u ocho mil habitantes, asentada cerca del río Quindío, el cual fluye desde las elevadas estribaciones de la cordillera central. Estas zonas boscosas, dominadas por guaduales -extensiones de bambú típicas de la región-, resultaban esenciales para las edificaciones locales. Las viviendas de la época dependían en gran medida de este recurso natural, figurando el guadual como un elemento indispensable en el levantamiento de casas y en la configuración del entorno urbano.

El municipio recién había sido fundado en 1889 y sus habitantes aún vivían la emoción de ese proceso fundacional. Los fundadores seguían presentes en el día a día de la comunidad, compartiendo y rememorando su experiencia en múltiples escenarios: desde el parque central hasta las esquinas y establecimientos emblemáticos de la localidad, como cafeterías, cantinas y residencias particulares. Era una época en la que la oralidad jugaba un papel fundamental y la historia de la ciudad se narraba y resignificaba a través de estas charlas informales, reforzando el sentido de pertenencia entre los pobladores.

En este contexto nació Adel López Gómez, el 17 de octubre de 1900. Pertenecía a una familia que ejercía notable influencia en el naciente municipio: un tío suyo había ocupado la alcaldía y varios de sus parientes tenían cargos relevantes dentro de la estructura de poder local. Los eslabones familiares se extendían así tanto en el ámbito social como político, marcando la infancia de Adel, quien creció en la finca de su padre y fue testigo del dinamismo que caracterizaba a las familias fundadoras de Armenia.

La figura de Adel López Londoño, padre de Adel López Gómez, se presenta como un referente de la vida rural de la época. Considerado “medio campesino” por sus contemporáneos, sostenía abiertamente que la mejor formación para los hijos era trabajar la tierra. Esta creencia defendía la idea de una educación vinculada al contacto directo con la naturaleza, como vía para cultivar una visión más humana y tranquila del mundo.

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Durante las jornadas, don Adel se ocupaba en dirigir a sus trabajadores, revisar minuciosamente los cafetales y encargarse del cuidado de los animales. Sin embargo, en las noches su rol cambiaba drásticamente: el ambiente doméstico tomaba protagonismo y, reunidos en familia, les deleitaba declamando poemas de reconocidos autores españoles. Esta tradición oral, transmitida al calor del hogar, conjugaba trabajo, cultura e identidad familiar.

¿Por qué era tan fundamental el guadual para la construcción en Armenia en ese periodo?

El guadual, un bosque de bambú autóctono de la región andina, constituía el material esencial en la arquitectura de Armenia a comienzos del siglo pasado. Dada la limitada disponibilidad de materiales industriales y la abundancia de guadua, los pobladores lo empleaban tanto por su resistencia como por su adaptabilidad a las necesidades de la naciente ciudad. La economía y la cultura local dependían de su aprovechamiento responsable, reflejando la estrecha relación entre los recursos naturales y las formas de vida de aquella época. La importancia del guadual revela hasta qué punto las dinámicas sociales, económicas y estéticas estaban condicionadas por las características geográficas y biológicas de la región, influyendo profundamente en la manera en que los habitantes construían sus espacios y, en última instancia, su identidad colectiva.


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