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Anna Hakobyan, esposa del primer ministro de Armenia, Nikol Pashinian, se ha convertido en una figura clave en la lucha contra la violencia doméstica en su país. Diariamente habla sobre el tema, entrevista a mujeres que sobrevivieron años de abuso, difunde testimonios y recorre distintas regiones para sensibilizar a la población. Su principal objetivo es impulsar una reforma legislativa que modifique la manera en que el Estado aborda la violencia en el ámbito familiar, según lo reportó France 24.
Actualmente, Armenia ya penaliza agresiones y amenazas dentro de la familia. Sin embargo, Hakobyan, junto a diputadas oficialistas como Zaruhi Batoyan, Sona Ghazaryan y Tsovinar Vardanyan, busca que la violencia doméstica sea tipificada como un delito específico. El paquete legislativo plantea que los casos sean procesados de oficio y limita mecanismos como la reconciliación para cerrar procesos. También sugiere el uso ampliado de vigilancia electrónica, restringe interrogatorios repetidos a víctimas y propone eliminar la figura de la simple advertencia policial en algunos casos.
El proyecto, presentado el 3 de septiembre de 2026, ha sido respaldado por el gobierno armenio. El Ministerio del Interior reconoció a la campaña de Hakobyan como base para las reformas. Para la activista, el valor de la ley reside también en su capacidad para enviar un mensaje social y quebrar la fuerza de la costumbre. En entrevista con France 24, señaló: "Para quebrar también la fuerza de la costumbre es muy importante que esto quede establecido en la ley".
La campaña de Hakobyan comenzó a partir del relato de una joven golpeada por su marido. El miedo a las represalias y la inacción policial visibilizaron cómo los obstáculos institucionales y culturales perpetúan el silencio. Testimonios posteriores, como el de una mujer embarazada que no fue atendida por la Policía, mostraron la repetición de patrones y los problemas de salud graves que muchas víctimas sufren antes de romper el silencio. Datos del Fondo de Población de Naciones Unidas (según France 24) indican que un 17,2 % de mujeres armenias sufrió violencia doméstica y el 43 % de las sobrevivientes jamás habló de su caso.
Las estadísticas oficiales muestran un aumento de las denuncias: en 2025 se reportaron 1.723 casos, lo que representa un incremento del 27 % respecto al año anterior. De acuerdo con Hakobyan, este incremento no necesariamente indica más violencia, sino que más mujeres están reconociendo y reportando los abusos, superando el tradicional silencio. La campaña también busca que, en casos de violencia, sea el agresor quien abandone la vivienda y no la víctima.
Este debate ha generado tensión política y cultural. La iniciativa de Hakobyan apela a una revisión de los valores tradicionales, mientras sectores de la oposición acusan a la campaña de atacar la familia armenia. No obstante, Hakobyan sostiene que la verdadera tradición no justifica la violencia y subraya que proteger a las víctimas es recuperar un sistema de valores que existía en Armenia.
Hakobyan no ocupa un cargo público, pero ha coordinado esfuerzos entre sociedad civil, víctimas y legislación, logrando que el debate trascienda banderas partidarias. Su aspiración es que la violencia deje de ser tolerada y se convierta en un fenómeno minoritario, evidencia de un verdadero cambio social y cultural.
Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
¿Cuál es el objetivo central de la campaña contra la violencia doméstica en Armenia?
La campaña liderada por Anna Hakobyan tiene como objetivo primordial que la violencia doméstica sea tratada como un delito específico bajo la ley, con procedimientos judiciales autónomos que protejan a las víctimas más allá de su denuncia inicial. Además, busca transformar el rol del Estado en la prevención y el abordaje del problema, asegurando que el agresor y no la víctima sea quien abandone el hogar, y erradicando mecanismos institucionales que perpetúan el silencio y la impunidad.
¿Qué obstáculos culturales y sociales persisten en Armenia frente a la violencia doméstica?
De acuerdo con los testimonios recogidos por Hakobyan y datos emanados de Naciones Unidas, Armenia enfrenta obstáculos profundos: una cultura de silencio, mecanismos institucionales insuficientes o revictimizantes, y la creencia, aún extendida, de que los conflictos familiares deben mantenerse en privado, incluso si implican violencia. Cambiar esa mentalidad y desarraigar la normalización de la violencia constituye uno de los retos más arduos para la campaña.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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