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Escrito por:  Fredy Moreno
Editor jefe     Mar 16, 2026 - 6:58 am

Tres informaciones de prestigiosos medios internacionales sitúan a Álex Saab, empresario colombiano señalado testaferro del exdictador venezolano Nicolás Maduro, en el peor de los mundos y prácticamente con un pie, de nuevo, en Estados Unidos. De ser ciertas esas informaciones y de ser entregado Saab a la justicia estadounidense, quedaría probado que los acuerdos a los que llega el presidente Donald Trump con los mandatarios de otros países con los que conversa tienen mucho más de fondo que lo que muestran las apariencias, y de lo que se le permite saber a la opinión pública.

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El Nuevo Herald, de Miami, aseguró hace un poco más de una semana que “probablemente” Saab será extraditado a Estados Unidos como producto de negociaciones entre funcionarios de Trump y representantes de Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela. El miércoles pasado, The New York Times informó que fiscales en Miami presentaron en enero una acusación formal contra Saab por cargos de corrupción; y el viernes pasado Bloomberg sostuvo que, para facilitar el envío de Saab a Estados Unidos, el régimen de Venezuela analiza medidas con el fin de anularle la ciudadanía venezolana, pues la Constitución prohíbe la extradición de nacionales.

Delcy Rodríguez sigue libreto de EE. UU.

El arresto de Saab, efectuado en febrero pasado —un mes largo después de la captura y extracción de Maduro por parte de fuerzas especiales de Estados Unidos—, y su virtual envío a ese país evidencia que la presidenta Rodríguez sigue una agenda alineada a los intereses estadounidenses, así en sus discursos a los venezolanos mantenga un tono revolucionario, antiimperialista y de soberanía nacional. El caso de Saab representa un giro adicional al cambio de rumbo que viene tomando el régimen venezolano en su relación con la administración Trump.

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Se suma a otras determinaciones que responden a las condiciones que debió haber impuesto Trump después de capturar a Maduro, entre ellas, y en contravía del ideal de Hugo Chávez, la reforma del sector petrolero, que flexibiliza el control estatal y amplía la capacidad de las compañías petroleras estadounidenses para operar en Venezuela, y la liberación de los presos políticos. Pero lo de Saab muestra algo adicional: la definitiva ruptura entre Rodríguez —señalada por muchos de haber entregado a Maduro en bandeja de plata— y los vestigios que puedan quedar del exdictador hoy preso en una cárcel federal en Nueva York a la espera de un juicio por narcotráfico.

Maduro era el principal protector de Saab. Hizo hasta lo imposible por rescatarlo después de que fuera capturado en Cabo Verde en julio de 2020 y trasladado en 2021 a Estados Unidos. En negociaciones con Joe Biden, logró su liberación y retorno a Caracas, y lo designó como su ministro de Industria. Antes le había dado la nacionalidad venezolana y nombrado de manera exprés diplomático, pero no porque fuera su amigo, sino porque sabe mucho. De hecho, Estados Unidos busca presionar a Saab para que revele la ubicación de activos del exdictador, asegura Bloomberg.

Apenas dos años largos duró la luna de miel de Saab con el régimen. En diciembre de 2023, después de ser sacado de una cárcel en Estados Unidos por orden de Biden, fue recibido en Caracas como un héroe. Maduro dijo de él que era un “valiente” y un “patriota”. Pero el corto ciclo de fantasía comenzó a cerrase a mediados de enero pasado cuando la presidenta Rodríguez apartó a Saab del régimen y lo destituyó del ministerio de Industria, anunciándole lo que le empezaba a correr pierna arriba.

Álex Saab se quedó sin quien lo protegiera

Saab fue aprehendido en Caracas por el temido Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) que seguramente antes lo protegió. Desde entonces, el régimen habría estado preparando todo para enviarlo a Estados Unidos, en donde, al momento de que Biden lo liberara y devolviera a Venezuela, estaba siendo encausado por conspiración para el blanqueo de más de 350 millones de dólares sacados ilegalmente de Venezuela y pertenecientes a los programas de alimentación de la población. Que Saab es un pez gordo de interés para Estados Unidos lo prueba el esfuerzo en inteligencia y recursos para capturarlo en Cabo Verde, y después lograr su envío a territorio estadounidense con una intensa gestión diplomática.

Las lisonjas y el vasallaje de Saab para con Maduro (“El milagro de la libertad y de la justicia se ha hecho realidad gracias a usted, señor presidente, por su perseverancia. Y a la primera combatiente [Cilia Flores], el ángel de Venezuela”, le dijo Saab al dictador el día que llegó a Caracas tras ser liberado por Biden) no funcionaron con Rodríguez, preocupada por evitar un destino como el de Maduro y por cumplirle a Trump. Los ángeles a los que Saab no dejó de alumbrar con velas de adulación están caídos. Saab se quedó sin quien lo protegiera, de nuevo tras las rejas y ‘ad portas’ de regresar a una prisión en Estados Unidos, según los tres acreditados medios.

Aunque el perfil de Saab es bajo, si no insignificante, frente al de otras fichas claves en la estructura del régimen, su virtual llegada a Estados Unidos debe tener nerviosos a muchos, desde los que no están bajo la égida de los hermanos Jorge (presidente de la Asamblea Nacional – Legislativo) y Delcy Rodrígez (cabeza del Ejecutivo), hasta el poderoso Diosdado Cabello (ministro del Interior y verdadero líder de la represión y los colectivos armados) o el ministro de Defensa, Vladimir Padrino. Lo de Saab podría ser el comienzo de una purga interna, ya sea exigida por Estados Unidos o debido a un reacomodamiento del régimen.

El autoritarismo propio de la dictadura degeneró en una gobernanza mafiosa cuya naturaleza es tomar decisiones en función de quién está alineado con quién. De ahí que la imagen que pretende reflejar el régimen de unión, simulando unidad para no perder el poder, está desdibujada y es poco creíble. La fractura, sin embargo, no se debe estar manifestando solo en la cúpula. Las decisiones de Rodríguez —además de las acusaciones de traición a Maduro— pueden tenerla enfrentada con los más ortodoxos chavistas que ven cómo el sueño de su ‘comandante eterno’ estaría llegando a su fin.

Si Saab es extraditado a Estados Unidos, llegará con la llave que destrabe el proceso contra su padrino, porque conoce los flujos y el paradero de los capitales que amasaron el exdictador y su esposa. Ya entrado en gastos con la justicia estadounidense, quizá no opte por decir, como lo hizo en una carta cuando estuvo preso en Cabo Verde, que “ni con sangre” estaba dispuesto a firmar “mentiras y calumnias contra un presidente que lucha por salvar a su pueblo en medio de un bloqueo inhumano”. En ese entonces, Maduro gobernaba con mano de hierro a Venezuela, y esperaba (y gestionaba) ansiosamente el retorno de Saab. Hoy es un recluso más en Estados Unidos y no tiene nada para ofrecerle al colombiano. El libreto que vale es el que ejecuta al pie de la letra Delcy Rodríguez.

Qué pasará con los presos políticos que no han sido liberados en Venezuela

El abogado Juan Luis González da detalles sobre el proceso y la liberación de Rocío San Miguel, la presa política venezolana que a pesar de ser liberada continúa en el proceso judicial. También habló de cómo ve el panorama sobre los presos políticos que aún no han sido liberados.

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