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Escrito por:  Fredy Moreno
Editor jefe     Ene 10, 2026 - 8:11 am

Este sábado se cumple apenas la primera semana de la cinematográfica acción de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Caracas que pareció concluir con la captura y extracción del dictador Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Pero con el paso de los días y mientras termina de disiparse el humo de las explosiones que sacudieron la capital venezolana viene quedando claro que esa operación, antes que ser el fin de un plan, constituye el comienzo de una estrategia superior para la región con repercusiones mundiales y dimensiones históricas.

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El régimen, como quien recibe un certero puñetazo en la mandíbula o en el oído, apenas se está levantando del piso sin recuperarse del aturdimiento por completo. El mundo tampoco sale del asombro y la estupefacción, y las voces de rechazo y respaldo a la acción compiten por imponerse en el foro internacional. También abundan los debates sobre conceptos que van desde soberanía nacional, derecho internacional, pasando por pragmatismo político, hegemonía y rapacidad de Estados Unidos, hasta los de lealtad y el honor militar, puestos en entredicho con el letal asalto de la Fuerza Delta al Fuerte Tiuna (una de las guarniciones castrenses más importantes de América Latina), donde se escondía Maduro.

Se trata de una enorme derrota militar para la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), conformada por el Ejército, la Armada, la Aviación, la Guardia Nacional y la Milicia, encargada de la defensa del país y la seguridad nacional. El ataque, según Diosdado Cabello —que en las últimas semanas se había dejado ver de camuflado, fusil en bandolera, rodeado de otros uniformados y lanzando arengas—, dejó cien muertos (entre ellos, 32 militares cubanos y 23 venezolanos) y un número similar de heridos. Estados Unidos solo reportó un herido, el piloto de un helicóptero MH-47 Chinook.

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Fracaso militar en la defensa de Nicolás Maduro

La FANB no fue capaz de cumplir con su misión: defender el país y garantizar la seguridad nacional. En un impresionante golpe de mano, fuerzas extranjeras capturaron y extrajeron de su propio país a Maduro, comandante en jefe de las fuerzas armadas venezolanas. Ante semejante debacle militar, en un país serio y con instituciones democráticas sólidas, los responsables (Cabello como ministro del Interior y de Justicia, y el general Vladimir Padrino, como ministro de Defensa) estarían enfrentando juicios políticos y disciplinarios. O habrían dimitido ante el deshonor de haber sido incapaces de defender a su comandante supremo.

“Ellos son guapos para enfrentársele al pueblo, para pegarles a los pelados que protestan, para torturar a los presos. En Venezuela llevan a los pelados al Helicoide a torturarlos, a obligarlos a tomarse su orina, a comerse su vómito. Para eso es que son verracos. Para eso son guapos. Pero no para enfrentar una fuerza extranjera y superior”, le dijo a Pulzo una ciudadana venezolana que migró a Colombia. “Esos personajes [los militares venezolanos] a mí no me representan. También son verracos para quitarle en las alcabalas [retenes] la comida al venezolano que se está muriendo de hambre”.

Un detalle llamó la atención el jueves pasado cuando la presidenta interina, Delcy Rodríguez, lideró un homenaje a los militares muertos en la incursión y se esforzó por mostrar que las tropas venezolanas ofrecieron resistencia y libraron combate contra los estadounidenses. “Honor y gloria a los hombres y mujeres que murieron en combate. Aquí nadie se entregó. Aquí hubo combate y hubo combate por esta patria, hubo combate por nuestros libertadores, por Miranda, por Sucre, por Rivas, por Urdaneta, por Manuel Azae, por Ezequiel Zamora, por nuestro padre libertador Simón Bolívar. Aquí hubo combate por Chávez y aquí hubo combate por Venezuela. Esa es nuestra mayor satisfacción y esa es la respuesta”, dijo.

Pero, por lo visto, no hubo combate por Maduro, a quien no mencionó. En la galería de personajes de la historia de Venezuela que armó Rodríguez, la caída cabeza del régimen venezolano brilló por su ausencia. Hoy no solo Cabello (que controla los colectivos chavistas armados y las facciones militares) y Padrino, como responsables militares, sino los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, como responsables políticos, son los protagonistas de una vergüenza histórica para su propia nación, la peor afrenta en muchas décadas, adobada ahora por la supuesta genuflexión del gobierno interino que lidera Delcy Rodríguez ante el mandato imperial de Donald Trump.

La captura y extracción de Maduro podría enriquecer con un nuevo capítulo libros como ‘Historia de la incompetencia militar’, del historiador Geoffrey Regan, que estudia aspectos de la ineptitud marcial como la falta de preparación de los altos mandos, el exceso de confianza, los errores de intendencia, la escasa información o injerencia de políticos ambiciosos, que han causado graves pérdidas humanas y materiales. Sería un acápite novedoso, porque el libro de Regan se ocupa en realidad de varios guerreros incompetentes que, comandando ejércitos, flotas navales y fuerzas aéreas, han enviado a centenares de miles de hombres a morir innecesariamente por culpa de su torpeza.

Soberanía nacional y derecho internacional

El espectro de razones para la catástrofe militar venezolana puede incluir, aparte de la milimétrica planeación de la operación a cargo del ejército estadounidense, la desatención del lado venezolano, el relajamiento de la disciplina militar, las fugas de información e incluso la deslealtad y la traición. No son pocas las miradas (especialmente la de Cabello) que se posan desconfiadas sobre los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez. La caída de Maduro también encuadra perfecta en los relatos de traiciones palaciegas por las que quienes detentan el poder caen en bandeja de plata en manos de sus enemigos, o sus verdugos.

En sus lastimeros discursos, los integrantes de la cúpula chavista que quedó gobernando a Venezuela ni siquiera sugieren, por supuesto, que algo así haya pasado. Se quejan, más bien, de que la soberanía venezolana fue violada por Estados Unidos (“Venezuela toda ha rechazado esta violación vulgar a nuestra soberanía, a nuestro cielo, a nuestro territorio”, dijo Delcy Rodríguez). Lo afirman pese a que, como quedó demostrado, esa soberanía está vulnerada de facto por Cuba.

Que 32 militares cubanos que hacían parte de la guardia de honor de Maduro fueran abatidos por la Fuerza Delta prueba dos cosas: que la cabeza del régimen no confiaba en sus propias fuerzas armadas (quizás temía una traición que finalmente pudo haberlo entregado) y que el régimen castrista tenía sus garras en el núcleo del poder en Venezuela. En una entrevista con Fox News, Trump lo dijo con claridad: “Cuba le da la protección a Venezuela y Venezuela le da el dinero a Cuba a través del petróleo. Así que no sé qué va a hacer Cuba. Creo que Cuba va a fracasar”. Y es que, en el caso del petróleo, el régimen también tenía un doble rasero: el destino de ese recurso es malo si es Estados Unidos y bueno si es Cuba, China o Rusia, aunque eso empezó a cambiar desde el sábado pasado.

Finalmente, otro de los asuntos importantes que entra en discusión después de la incursión de Estados Unidos en Venezuela es la actualidad del derecho internacional, que, como siempre pasa con el derecho en general, va a la zaga de los acontecimientos. Así como hay quienes sostienen que la acción de Trump es violatoria del derecho internacional, que prohíbe las amenazas y el uso de la fuerza de un Estado contra otro salvo en casos de legítima defensa, también hay quienes consideran que la comunidad internacional debería comenzar a pensar en nuevas realidades para las que no hay legislación. Es el caso de Venezuela, un Estado capturado por un grupo criminal que mantiene secuestrada a su población.

Cada vez más se queda sin piso la tesis de que un régimen de facto como el venezolano pueda invocar los principios de soberanía y autodeterminación para resguardarse de su responsabilidad internacional, señala Víctor Mosquera en una columna en Semana. Por otra parte, quienes respaldan la acción estadounidense aseguran que no se trató de un ataque contra Venezuela, sino en Venezuela para capturar a una persona solicitada por una corte judicial de Estados Unidos. “El narcotráfico y los derechos humanos eran la excusa, el motivo era el petróleo”, dijo Delcy Rodríguez, que, efectivamente, debe saber mucho sobre la caída de Maduro.

Momento exacto del ataque de Estados Unidos a Venezuela

En imágenes grabadas por distintas personas se muestra el momento del ataque de Estados Unidos contra Venezuela. El hecho generó un aumento inmediato de la tensión política y diplomática entre ambos países, según reportes oficiales y testimonios difundidos en redes sociales.

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