La actriz y presentadora colombiana Margarita Ortega reveló detalles de uno de los momentos más difíciles de su vida: una compleja cirugía de columna a la que decidió someterse después de convivir durante más de una década con una enfermedad degenerativa que afectaba seriamente su calidad de vida.
Durante una entrevista en el programa La Red, Ortega contó que durante años evitó la operación por miedo y porque los tratamientos médicos le permitían controlar parcialmente los síntomas.
“Yo duré 10 años y un poco más diciendo no a la operación”, confesó. Según explicó, padecía una discopatía degenerativa que comenzó con un disco comprometido en la zona lumbar y que posteriormente se extendió a la cervical.
La situación se agravó con el paso de los años. En una hospitalización de emergencia ocurrida en febrero, los médicos encontraron cuatro discos afectados en la región cervical. El más comprometido prácticamente había desaparecido, provocándole fuertes dolores y pérdida de sensibilidad.
“Estaba vértebra con vértebra y entonces los dolores eran muy intensos”, relató la actriz, quien además aseguró que desde 2022 había perdido sensibilidad en parte de una mano y en uno de sus hombros.
El temor por la delicada intervención fue tan grande que tomó una decisión extrema antes de ingresar al quirófano: dejó todo organizado para sus hijos. “Antes de entrar, firmé un testamento de las cuatro cosas que tengo en la vida, que he construido en 33 años de carrera”, recordó.
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La presentadora explicó que incluso dejó al día pagos de la luz y el teléfono y documentos para que sus hijos tuvieran todo resuelto en caso de que ocurriera una tragedia durante la operación.
La cirugía consistió en reemplazar el disco más deteriorado por una estructura de titanio. Sin embargo, el procedimiento no estaba exento de riesgos. “Había un riesgo mínimo para no volver a caminar, para no volver a hablar”, afirmó.
Para poder enfrentar la intervención, Ortega incluso tuvo que modificar hábitos que había mantenido durante años. Después de una larga etapa como vegetariana, decidió volver a consumir proteína animal para fortalecer su organismo y mejorar las posibilidades de recuperación.
Aunque la operación fue exitosa, los problemas no terminaron allí. Días después tuvo que regresar al hospital debido a complicaciones derivadas de desequilibrios físicos y hormonales. “Me dio moridera, me dio moridera. Yo ya no pude más”, contó entre risas y sinceridad.
Tras varios días de tratamiento y suplementos médicos, logró recuperarse. Hoy asegura que vive una nueva etapa de su vida, libre del dolor que la acompañó durante tantos años.
“La vida tiene otro color, hay otro matiz. Para mí es una segunda oportunidad”, concluyó la actriz, quien celebra haber recuperado parte de la sensibilidad perdida y poder seguir disfrutando de las actividades que más ama.
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