A pesar de que a Pombo eso le pareció lo destacable, como algo positivo, Rueda identificó ese, y con toda razón, como el principal problema.

“La experiencia indica que entre más organizados y más estrictos sean los formatos, más aburridos se vuelven los debates porque no hay debate, no hay confrontación, no hay rifirrafes (peleas). Y la mayoría de las veces esas confrontaciones, como sucedió en el debate de Barranquilla (El de El Heraldo, Telecaribe y Uninorte), revela mucho más sobre el carácter de los candidatos de lo que lo hace una respuesta encasillada en un tiempo muy estricto”, dice Rueda.

Pero ese fue apenas uno de los problemas que tuvo el debate de RCN, veámoslos sistemáticamente, expresando de otra forma lo manifestado por Rueda.

  1. Permita la interacción de los candidatos.
    Un formato,  por ordenado que sea, si no permite la interacción de los candidatos, termina convertido en exposiciones paralelas.
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  1. No permita que la mecánica de asignación de tiempos asfixie el flujo de ideas.
    Claramente, en el ‘debate’ de RCN los candidatos se sentían tan presos del formato que tomaban los tiempos que les correspondían para decir cosas que no pudieron decir antes.
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  1. Permita que todos los candidatos se refieran a un mismo tema.
    Y si se le hace muy dispendioso por el número de candidatos, limite el número de temas. El que mucho abarca poco aprieta. Salvo un segmento, RCN limitaba los temas de las preguntas a parejas de candidatos.
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  1. Defina el rol de los moderadores
    A pesar de que a María Isabel Rueda y a Julio Sánchez les pareció impecable el trabajo de Claudia Gurisatti y José Manuel Acevedo, su trabajo se limitó a la mecánica; es decir, la asignación de turnos. En otros debates a nivel internacional, particularmente en Estados Unidos, que es el referente obligado de estos canales, algunos moderadores repreguntan, confrontan, encuentran contradicciones y, sobre todo, tratan de simplificar y traducir el mensaje a su audiencia. Si el moderador no lo puede hacer, por la variedad de temas abordados, esta es una razón más para permitir que los candidatos hagan eso precisamente: repregunten, confronten, encuentren contradicciones. Si se les asigna un rol verdaderamente de moderadores, y no simplemente asignadores de turnos, los moderadores deberán evitar convertirse en los protagonistas del debate.
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  1. No desvincule la coyuntura del debate
    El debate de RCN tuvo de todo, menos de eso. No se trata de banalizar el debate, sino de usar la coyuntura como punto de apoyo para hablar de lo que llaman temas ‘macro’. Por ejemplo, el caso de ‘Jesús Santrich’ y de alias ‘Guacho’ era un gran punto de apoyo para hablar de relaciones internacionales con nuestros vecinos. El tema de ‘Santrich’ fue sacado a flote por Humberto De la Calle casi que a las malas.

Lo mismo ocurrió con la pregunta sobre si se ponía en riesgo la independencia de los medios y la libertad de prensa con el uso de la pauta oficial. A pesar de lo importante del tema, esta fue una pregunta lanzada, literalmente, en el vacío. ¿Qué tal si se hubiera amarrado a las críticas de varios candidatos por parcialidad de los medios con ciertos candidatos? Algunos medios ven a los candidatos como una inversión a futuro para, precisamente eso: beneficiarse de la pauta oficial cuando llegan al poder. Otras son simples afinidades políticas, que son lícitas, pero valdría la pena revelarlas a la audiencia.

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  1. No deje duda sobre su imparcialidad.
    La aparición de una propaganda de uno de los candidatos en la mitad de un debate, por más justificada que sea, deja un mal sabor sobre la imparcialidad del medio. Si no puede moverlo a otro horario, explíquelo completamente al comienzo del debate. Otros detalles más sutiles, como algunas risas de Claudia Gurisatti, fueron interpretadas como parcialidad. Un poco extremo, pero el senador Armando Benedetti así lo planteó. 
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  1. Trate de balancear la participación de la academia con el criterio periodístico
    Nadie le puede negar a RCN que hizo su mejor esfuerzo por elaborar las preguntas. En el preámbulo mencionó que desde febrero venía trabajando con el Instituto de Ciencia y Política, la Plataforma Concordia de Estados Unidos y Fenalco. Esto probablemente explica haber desechado la coyuntura de las preguntas. El criterio periodístico interviene para introducir la coyuntura y para simplificar y traducir a la audiencia.

El criterio periodístico también está para representar la gente del común en la elaboración de los cuestionarios. Los debates en canales nos son certámenes académicos. La democracia no es de una élite, sino de una audiencia masiva.

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  1. No desperdicie al público asistente.
    El debate de RCN convirtió al público en parte de la escenografía. Tanto que en uno de los recesos Claudia Gurisatti los felicitó por su disciplinado silencio. Si bien son objetables los chiflidos y los vítores a un candidato, tampoco se puede llegar al extremo de ni siquiera interactuar con el público en vivo y preferir reproducir sus preguntas escritas en pantalla. Eso deja un mal sabor de censura previa y falta de espontaneidad. Esa no es razón para no ser exigentes con la selección de quiénes asisten. El debate de Caracol con los jóvenes mostró que tenían un procedimiento para hacerlo.
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9.    Métale gente al debate.
La gente no está solo en el público presente sino en la calle.

10. No musicalizar el debate
Noticias RCN tiene un timbre que todo el mundo conoce cuando se lanza un última hora. Funciona perfecto en esta coyuntura. Sin embargo, la musicalización del debate, como se dio en el primer bloque, resulta molesta porque da la impresión de que exagera las declaraciones de los candidatos. ¿Para qué suena música incidental mientras hablan? ¿Es una estrategia de neuromercadeo?

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