El Colombiano es un grupo editorial multiplataforma con más de 110 años de existencia. Nació en la ciudad de Medellín en Antioquia. Fundado el 6 de febrero de 1912 por Francisco de Paula Pérez, se ha especializado en la investigación y generación de contenidos periodísticos para diferentes plataformas en las que provee a las a...
Durante el último año, muchas familias colombianas han experimentado un aumento considerable en el costo de los alimentos, fenómeno que ha sido especialmente notorio en productos básicos de la canasta familiar. Según cifras reportadas por el Sistema de Información de Precios (Sipsa), del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), alimentos como la yuca criolla, el café molido y la naranja de referencia Valencia encabezan la lista de los mayores incrementos de precios, registrando aumentos de 76,6%, 54,4% y 18,4%, respectivamente, entre enero de 2025 y enero de 2026. Este comportamiento refleja una aceleración de la inflación en sectores específicos del mercado alimentario.
De acuerdo con el análisis de Indalecio Dangond, experto en el sector agropecuario citado por El Colombiano, el marcado aumento en el precio de la yuca se asocia principalmente a una disminución superior al 30% en los precios pagados al productor durante 2024, lo que desmotivó la siembra y provocó una drástica reducción del área cultivada, especialmente en la región Caribe. Esta contracción, unida a las condiciones climáticas adversas registradas en el primer bimestre de 2026, limitó la disponibilidad de la cosecha y desencadenó la subida significativa del precio de la yuca en el mercado nacional.
El impacto climático no solo ha afectado a la yuca. Dangond también argumentó que la variabilidad climática representa un factor determinante en los repuntes observados en otros alimentos como la carne de res (cadera), la arracacha, el ñame, la sal yodada y el aceite de girasol, cuyos incrementos de precios fluctúan entre el 12% y el 14%. En el caso del aceite de girasol, a la baja productividad en países proveedores y el alza de los precios internacionales de importación, se suma una menor oferta interna y mayores costos logísticos, todos detonantes del aumento observado.
En lo referente al café, la misma fuente explicó que los altos precios responden tanto a menores rendimientos productivos como al incremento en costos de procesamiento y transporte, factores todos ligados a los recientes episodios climáticos, que han reducido la eficiencia y han encarecido los procesos en la cadena cafetera nacional.
Álvaro Palacio, presidente de la Asociación Hortifrutícola de Colombia (Asohofrucol), señaló que la escalada del precio de la naranja Valencia obedece principalmente a la significativa reducción de las cosechas en el Eje Cafetero y el norte del Valle del Cauca, regiones tradicionalmente productoras. Según Palacio, la continuidad de lluvias intensas podría prolongar este entorno de altos precios durante 2026, toda vez que la humedad afecta directamente la floración de los árboles y, por ende, la oferta disponible de fruta.
Aunque la tendencia general muestra aumentos, el comportamiento de precios es dispar y algunos alimentos, como la arveja verde en vaina, el plátano guineo y la zanahoria, reportaron caídas en sus precios de entre 22% y 28%, evidenciando que la dinámica del mercado alimentario colombiano es compleja y responde a contextos variables.
La información disponible, basada en fuentes reconocidas como El Colombiano y datos oficiales del DANE, permite advertir la marcada influencia de variables climáticas y económicas sobre los niveles de precios de los alimentos en Colombia, así como la importancia de políticas que puedan atenuar estos efectos para garantizar la seguridad alimentaria de millones de hogares.
¿Qué consecuencias sociales puede traer el encarecimiento de los alimentos en Colombia?
El aumento en los precios de productos básicos impacta directamente en el bolsillo de las familias, especialmente las de menores ingresos, quienes destinan una mayor proporción de su presupuesto a la alimentación. Cuando la inflación ataca de forma más aguda a la canasta básica, crecen las tensiones sociales y las posibilidades de aumento en los índices de pobreza, ya que los hogares se ven forzados a reducir la calidad y cantidad de los alimentos que consumen.
Además, la inseguridad alimentaria y la desnutrición pueden intensificarse si la situación inflacionaria persiste, especialmente en zonas rurales y urbanas vulnerables donde el acceso a la comida suele ser más limitado. Esto subraya la importancia de entender no solo los factores económicos, sino también los impactos sociales asociados a la volatilidad de los precios.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
* Pulzo.com se escribe con Z
LO ÚLTIMO