La fuerte caída del dólar en Colombia ha despertado una pregunta entre empresarios, viajeros e inversionistas: ¿es posible volver a ver la divisa por debajo de los $2.900? Tras cerrar la más reciente jornada en $3.206,92, su nivel más bajo desde julio de 2019, expertos consideran que ese escenario no es imposible, aunque dependerá de que coincidan varios factores económicos tanto dentro como fuera del país.
En las últimas cuatro semanas, el dólar ha caído más de 219 pesos y, si se compara con los niveles superiores a 4.000 pesos, registrados en septiembre del año pasado, la reducción ya supera los 760 pesos. Este comportamiento ha convertido al peso colombiano en una de las monedas emergentes que más se ha fortalecido en los últimos cinco años.
Sin embargo, los analistas coinciden en que para volver a una cotización inferior a los 2.900 pesos—un precio que no se registra desde agosto de 2018— tendría que presentarse una especie de “tormenta perfecta”.
El primer requisito sería que la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) inicie un ciclo de reducción de tasas de interés. Si eso ocurre, los activos denominados en dólares perderían parte de su atractivo y muchos inversionistas buscarían mercados emergentes como Colombia, aumentando el ingreso de divisas al país.
El segundo factor sería que el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella logre convertir en realidad sus anuncios de disciplina fiscal, control del gasto público y fortalecimiento de las finanzas del Estado. Los mercados ya han reaccionado positivamente a esas expectativas, pero los expertos advierten que será necesario mostrar resultados concretos para mantener la confianza de los inversionistas.
El tercer elemento sería un petróleo por encima de los 110 dólares por barril. Colombia recibe buena parte de sus dólares por las exportaciones de crudo, por lo que un precio elevado incrementa la entrada de divisas y ejerce presión para que la tasa de cambio siga bajando.
A esto se suman otros factores que hoy favorecen al peso colombiano, como las altas tasas de interés del Banco de la República, que continúan atrayendo capital extranjero, y el crecimiento de las remesas, que ya representan una de las principales fuentes de ingreso de dólares al país.
Un dólar barato beneficia especialmente a quienes compran productos importados, realizan compras por internet en moneda extranjera o tienen planeado viajar al exterior mientras reciben sus ingresos en pesos colombianos. También ayuda a reducir los costos de muchas empresas que dependen de insumos importados.
No obstante, la otra cara de la moneda la viven quienes reciben dólares. Los colombianos que trabajan en el exterior y envían remesas a sus familias ven cómo cada dólar se convierte en menos pesos, reduciendo el dinero que finalmente reciben sus hogares. Lo mismo ocurre con los exportadores, que obtienen menos ingresos en moneda local por las ventas que realizan en mercados internacionales.
Aun así, no todos los analistas creen que el dólar logre romper la barrera de los $3.000 en el corto plazo. Algunas firmas consideran que la tasa de cambio podría estabilizarse nuevamente por encima de ese nivel hacia finales de año, por lo que el regreso a los $2.900 sigue siendo, por ahora, un escenario posible, pero condicionado a que coincidan varios factores económicos de gran impacto.
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