Este 15 de julio de 2026 marca un antes y un después para el mercado de trabajo en Colombia. Entra en vigencia el último y más importante peldaño de la Ley 2101, aprobada por el Congreso de la República, la cual estableció una reducción gradual del tiempo de trabajo semanal desde 2023 hasta llegar a un tope máximo de 42 horas. Para saber qué tan preparadas están las organizaciones frente a este cambio definitivo, la Federación Colombiana de Gestión Humana (Acrip) realizó un completo estudio que pone en cifras la realidad de esta transición.
Aunque en las calles se perciben ciertos cambios —como una menor cantidad de meseros atendiendo en restaurantes debido a los mayores costos de contratación y a las nuevas reglas de la reforma laboral—, el sondeo de Acrip aterriza la situación con datos claros. El informe tiene tanto de largo como de ancho y deja en evidencia que la balanza está muy dividida. Si bien se trata de una gran noticia para la salud física y mental de los trabajadores, el 68 % de las empresas consultadas asegura que la implementación de esta ley disminuirá notablemente su rentabilidad.
La molestia de los empresarios radica en las matemáticas de la norma aprobada en 2021: al reducirse las horas de trabajo pero mantenerse exactamente el mismo sueldo mensual, el valor de la hora ordinaria se disparó automáticamente. Esto se traduce, de manera directa, en un incremento sustancial en el pago de las horas extras y los recargos nocturnos o dominicales.
Para hacerle frente a este panorama, las compañías han tenido que modificar sus rutinas. El informe revela que el 51,2 % de las empresas se vio obligado a reorganizar sus turnos internos para mantener los mismos niveles de producción sin afectar gravemente sus balances financieros. Gracias a estos ajustes, hoy en día la mitad de las empresas en el país ya opera bajo una jornada de solo cinco días a la semana.
El estudio de Acrip, cerrado el pasado 14 de julio (justo un día antes de que la jornada de 42 horas se volviera obligatoria), arrojó que la gran mayoría de organizaciones ya venía haciendo la tarea. Más del 71 % de las empresas del país ya se había subido a la ola de la flexibilización, manejando una jornada de 44 horas semanales.
Al revisar los esquemas de trabajo preferidos por los empleadores, los extremos muestran realidades muy distantes:
- Solo el 4 % de las empresas del país implementó una jornada de apenas 4 días a la semana.
- El 44 % todavía mantiene a sus empleados trabajando durante 6 días semanales.
- Un 14 % de los encuestados se adelantó a la obligatoriedad y ya venía aplicando la jornada de 42 horas.
- Un 9 % fue más allá y bajó su jornada a 40 horas semanales.
- Un 6 % de las sociedades operaba con jornadas de 43 horas.
Para Juan Carlos Ramírez, presidente de Acrip, esta moneda tiene dos caras muy claras: “Sin duda esta es una medida que favorece el bienestar de los empleados para tener más tiempo y balance con su vida personal, pero constituye un reto importante para las organizaciones en términos de ajustar los procesos que aseguren una productividad efectiva y sin sobrecostos”.
Uno de los puntos más llamativos y positivos del informe tiene que ver con la retención de talento. Los datos demuestran que en las empresas donde se reduce el tiempo laboral, los empleados tienden a quedarse por más tiempo, disminuyendo los costos de contratación. En los lugares donde se trabaja 6 días a la semana la rotación de personal se ubicaba en un 17,1 %; sin embargo, al bajar la jornada a 5 días, esta cifra cayó al 15,9 %.
Ante esta nueva realidad, la flexibilidad horaria se ha convertido en la reina de los beneficios laborales. El 55,4 % de las empresas encuestadas confirmó que ya tiene implementados horarios flexibles para la entrada y salida de sus colaboradores, mientras que un 44,6 % restante todavía prefiere mantener horarios rígidos de oficina.
El debate de fondo sigue siendo cómo equilibrar el bienestar de las personas con la productividad empresarial. Aunque la teoría dice que ambas metas pueden convivir si la eficiencia mejora, lograrlo en un mercado que todavía carece de las herramientas tecnológicas necesarias es una tarea titánica.
Curiosamente, las estadísticas oficiales del Dane muestran que la productividad por hora en el país aumentó de un 0,76 % en 2023 a un destacable 3,43 % en 2024. Charles Chapman, experto en derecho laboral, explica que este crecimiento está directamente relacionado con el hecho de que la gente ahora pasa menos horas promedio a la semana en sus puestos.
No obstante, Chapman advierte que este éxito no cobija a todo el mundo por igual. “La implementación de una jornada más corta sin ajustes en productividad implicó para ciertas empresas un aumento en el costo laboral por hora, especialmente para las MiPymes que operan con márgenes muy ajustados”, concluyó el experto, poniendo el dedo en la llaga de los pequeños negocios que luchan por mantenerse a flote en esta nueva era de 42 horas.
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