Por: EL PILON SA

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Este artículo fue curado por pulzo   Feb 24, 2026 - 5:51 am
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Las conexiones entre el fútbol y la literatura han tejido una historia compleja, marcada por atracciones mutuas y distanciamientos. En la posmodernidad, especialmente desde los años noventa, los vínculos de ambos universos han experimentado un impulso notorio. Según se señala, hemos sido testigos de una “futbolización” de la cultura global y una “plebeyización” de la literatura, atribuida en parte a la influencia del periodismo. Así, las letras, tradicionalmente asociadas con la introspección y la élite, han quedado inevitablemente expuestas al magnetismo del balompié.

Se tenía la imagen de que los poetas vivían enclaustrados entre libros y discusiones literarias, ajenos al deporte y con una actitud de desprecio frente al fútbol. Esta tensión entre civilización y barbarie fue sintetizada de manera contundente por el escritor Jorge Luis Borges, quien calificaba el fútbol como un entretenimiento inglés “estéticamente feo". Sin embargo, existen otras voces que reivindican el sentido vital del juego. El filósofo y novelista Albert Camus, por ejemplo, reconocía lo aprendido durante su juventud como portero en Argelia, asociando la impredecibilidad de la pelota con las lecciones esenciales sobre la ética y las obligaciones humanas.

Por su parte, el italiano Pier Paolo Pasolini, poeta y cineasta, interpretó el fútbol como un lenguaje en sí mismo, en donde cada instante de gol representa una creación poética, una ruptura de reglas y una chispa de asombro. Eduardo Galeano, reconocido escritor uruguayo, fue aún más gráfico: “El gol es el orgasmo del fútbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna.” De este modo, las letras absorbieron la potencia simbólica del fútbol y lo instalaron como tema fértil en la creación literaria.

A lo largo de las últimas décadas, la producción de obras literarias inspiradas en el fútbol ha sido notoria. Escritores como Juan Parra del Riego, Bernardo Canal Feijóo, Horacio Quiroga, Henri de Montherlant, Pablo Neruda, Mario Benedetti y el propio Galeano han relatado la épica, la poesía y los dramas del deporte. El balompié funciona como un espejo emotivo de la aventura humana, donde se subraya la hazaña, el arrojo y la gloria, con especial atención a la figura del guardameta: ese héroe vulnerable, a menudo incomprendido, capaz de descender del pedestal al oprobio en cuestión de segundos.

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En este sentido, los poetas españoles Rafael Alberti y Miguel Hernández se han convertido en cronistas de la épica de los arqueros. Alberti, inspirado por la actuación heroica del húngaro Platko en la final de la Copa del Rey de 1928, creó “Oda a Platko” para inmortalizar aquel sacrificio teñido de sangre y valentía. Hernández, alguna vez promesa futbolística, volcó en versos la hazaña y el accidente del portero “Lolo” Soler, acentuando el drama y la entrega física y moral de los guardianes del arco.

En los poemas citados, Platko y Soler cobran dimensiones mitológicas. Alberti retrata al portero como un “tigre ardiente en la yerba de otro país”, cuya gesta jamás será olvidada; Hernández, por su parte, traslada el infortunio a un plano casi trágico, dando cuenta del sacrificio físico del guardameta para evitar el gol y encumbrándolo en la memoria colectiva. De este modo, la literatura no solo refleja el fútbol sino que le otorga un estatuto de nobleza, resignificando la épica deportiva como símbolo universal de resistencia humana ante la adversidad.

¿Por qué los porteros son vistos como figuras trágicas y heroicas en la literatura deportiva?

Esta pregunta es significativa porque en el fútbol y en la literatura los porteros reúnen una fuerza simbólica singular. Muchos escritores y poetas han retratado al guardameta como un personaje que oscila entre la exaltación y la condena, en ocasiones venerado y en otras señalado como único responsable de la derrota.

El contraste entre el heroísmo y la vulnerabilidad de los arqueros, como se aprecia en los poemas de Alberti y Hernández, explica por qué estos personajes concentran tanto dramatismo en la narrativa literaria sobre el fútbol. Ellos devienen emblemas del sacrificio y la soledad, encarnando la esencia de la lucha humana contra el destino y la adversidad, tema fundamental tanto en la literatura como en el deporte.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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