Costa Rica no es otro país centroamericano o del Caribe, es una nación diferente y no solo por su gente o por ser ganadora de varios títulos de felicidad sino por su visión acerca del futuro del planeta: son líderes en cuidado ambiental representado en el 6.5% de la biodiversidad mundial.
Y se nota. En Costa Rica “pura vida” no es un slogan, es una declaración de principios que se experimenta desde que se aterriza en el aeropuerto Juan Santamaría. Cada mensaje, cada tico (como se les dice a los costarricenses por el uso de diminutivos ‘chiquitico’), cada calle, se deja ver como una taza de té: impecable. Todos son predicadores del amor a la naturaleza y el cuidado del planeta.
Costa Rica es un santuario de bienestar, sostenibilidad y aventura a solo 2 horas de Colombia. Toda la infraestructura turística del país está pensada en una inmersión profunda para reconectarse con la naturaleza de forma segura. Más de 300 volcanes son los acompañantes perfectos de ecosistemas impresionantes y bellos, muy disímiles que por ser un país pequeño se pueden recorrer todos en poco tiempo.
Y así lo hice. En 5 días y 4 noches recorrí el centro-norte del país, la provincia de Alajuela, donde convergen historia, gastronomía, bosques húmedos, volcanes y una gente increíble, empezando por nuestro guía Danny, que se encargó de llevarnos con bien a cada lugar y aproximarnos a su cotidianidad; por ejemplo, conocimos las mejores empanadas en Sarchí.

Nuestro recorrido empezó en Xandari, un hotel de bienestar desde donde se podía apreciar toda la provincia y el valle en cabañas gigantes y piscinas infinitas, hasta cascadas dentro de la propiedad. Óscar, el jefe de meseros en la noche, nos demostró con generosidad todos los sabores de la gastronomía local.
Al otro día, salimos temprano para el volcán Poás con un reto enorme: poder ver el cráter, ya que en esta época del año, con las constantes lluvias las nubes lo ocultan por completo. Luego de subir, caminar, y esperar, el Poás no se dejó ver, esperamos 20 minutos (lo máximo permitido en el mirador), y tuvimos que regresar, en otra oportunidad será.
Danny, con gran pena por no lograr el cometido, nos prometió un almuerzo único, típico y lo cumplió: fuimos al restaurante Criollo de Fraijanes, donde Juan Carlos, su dueño, nos mostró el proceso completo de producir café mientras su familia cocinaba unos deliciosos Gallo Pintos y Casados (dos platos muy típicos de Costa Rica) para todo el grupo.
Cerca de la Hacienda Poasito aprendimos que las fresas no son frutas sino flores y que en esta zona del país se producen las flores orgánicas más sanas y saludables del mundo gracias al Tour de fresas, una experiencia turística que combina la tradición familiar y el desarrollo del turismo responsable.
Cambio de día y vamos hasta la plaza de Sarchí, el lugar donde se exalta como símbolo nacional a la carreta pintada a mano, donde justamente hay una de más de 9 metros y es considerada la más grande del mundo por los Guiness Records. No se trata solo de una herramienta para cargar café, se trata de identidad.
Y para entender bien lo que representa para los ticos fuimos a la fábrica de carretas Eloy Alfaro, donde no solo se preserva el arte tradicional de pintado a mano sino también la innovación de un taller que desde hace más de 100 años opera todas sus máquinas con la fuerza del agua.
Y para cerrar, no podíamos irnos de Sarchí sin visitar a don William Valverde, un artista tradicional de pintura a mano alzada que, junto a su esposa e hija Laura, nos dieron un curso este tipo de arte en medio de una generosa sesión de humor. Don William nos transfirió un poco de sus 45 años haciendo patria y cultura.
Muy cerca de ahí pasamos por la Hacienda Alsacia, la única finca de cultivo de café de la multinacional Starbucks, donde probamos algunas de las variedades arábicas que producen cerca del 40% del café que se consume en todas las tiendas de la marca en el mundo.
Al finalizar el día, nos alojamos en el encantador hotel Chayote Lodge, un paraíso inspirado en la cultura del café, de las flores de altura y de un ambiente de reconexión espiritual, ahí tuvimos la posibilidad de catar seis de las variedades más exclusivas del mundo, además de hacer yoga o intentar hacerlo en mi caso, en la mitad del bosque.
El nuevo día lo iniciamos en La Fortuna, en el río Peñas Blancas, donde tomamos una balsa inflable e iniciamos una aventura de safari ideal para ver perezosos, tucanes, monos y muchas especies silvestres maravillosas, mientras llegábamos al Hotel Chachagua (o lo que significa “mucha agua”) a tomar una relajante experiencia de aguas termales volcánicas y el recorrido de la caña de azúcar y el cacao para hacer chocolates o “confites” de la mano de Roberto, un campesino que en la mañana trabaja en su propia tierra y en la tarde como colaborador de Chachagua.
A propósito, si usted quiere vivir la experiencia de alojarse en una casa del árbol, este es el hotel. Y no solo eso, puede tener un jacuzzi en medio del bosque a 30 metros del piso. Si quiere ver los emblemáticos osos perezosos, que de perezosos no tienen nada (caminan 3 a 4 kilómetros por día), o si quiere ver mariposas de todos los colores rodeándole, pues esta es su opción.
No nos queríamos quedar sin ver volcanes, así que Danny nos propuso ir al parque SKY desde donde se ve la represa de La Fortuna y casi siempre el volcán Arenal. No solo pudimos ver su majestuosa forma icónica, sino que pudimos usar el teleférico y pasar por largos y altos puentes colgantes para disfrutar del ecosistema. Por falta de tiempo no pudimos hacer tirolesas, pero será motivo de una nueva visita al país.

Solo para rematar nuestra visita, fuimos por iniciativa de Danny a Rufinos, un restaurante de autor a probar los platos típicos de Costa Rica, pero con la firma de Sebastián, un reconocido chef de la capital. Definitivamente hay que ir.
No es más, aunque es todo. La ‘Pura Vida’ es un hecho, en Costa Rica todo genera vida, bienestar, salud, paz, armonía, energía vital, no por nada es un país que 3 veces ha sido el más feliz del mundo, los ticos son maravillosos, queridos y todos están listos para recibir a turistas de todo el mundo, una participación PIB mayor al 25% y que fácilmente puede crecer y crecer, son los mejores anfitriones.
Toda la información sobre actividades, regiones, operadores en Costa Rica se puede consultar en la web del Instituto Costarricense de Turismo, quienes desarrollan la correcta articulación de la oferta para que estas experiencias permitan a los turistas volver a lo ‘esencial’.
¿Dónde queda el puente de cristal y el letrero más grande de Colombia?
En Manizales, el nuevo puente de cristal del Bulevar de Chipre se roba todas las miradas. Una obra moderna que conecta arte, turismo y sostenibilidad, con vistas de 360° al Eje Cafetero. Diseñado con pisos transparentes y zonas culturales, este espacio marca un nuevo comienzo para la ciudad, impulsando su economía y atrayendo viajeros de todo el país. También, y a solo unas horas de Bogotá, otro rincón conquista a los turistas: el pueblo con el letrero más grande de Colombia, famoso por su imponente “Cascada del Amor” en Macanal (Boyacá).
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