El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
Michel Rolland, nacido en 1947 en Libourne, creció en plena región vitivinícola de Pomerol, epicentro mundial del Merlot y cuna de algunos de los vinos más afamados. Desde niño, su vida estuvo entrelazada con los viñedos familiares y el histórico Chateau “Le Bon Pasteur”, hacienda que sería tanto su hogar como el escenario central de su carrera. Según recuerda una entrevista publicada por El Espectador, Rolland fue un guía y mentor, un pastor apasionado del vino que marcaría el rumbo de la enología contemporánea.
Su trayectoria se construyó sobre sólidos cimientos académicos adquiridos en la Universidad de Burdeos, donde coincidió con su esposa Dany, también enóloga, y tuvo como maestro al pionero Emile Peynaud. Juntos fundaron el laboratorio Rolland, que se convirtió en referencia obligada para bodegas de todo el planeta. Este fue uno de los primeros laboratorios enológicos de Burdeos y es gestionado actualmente por la familia: Dany y sus hijas continúan al frente de la administración, la imagen y la emblemática “Rolland Collection”.
Como consultor internacional, Rolland recorrió incansablemente todos los continentes, con visitas anuales a regiones vitivinícolas de Estados Unidos, México, Argentina, China, España, Tailandia, Sudáfrica, Japón y muchos otros países. Su presencia y asesoría revolucionaron las formas de concebir el vino fuera de Francia. De acuerdo con testimonios recogidos por El Espectador, Rolland supo adaptarse a los estilos recomendados por figuras mediáticas como el crítico estadounidense Robert Parker, quien impulsó vinos potentes, de taninos marcados, con una elevada concentración de fruta y alcohol.
Sin embargo, más allá de modas y tendencias, Rolland apostó siempre por la búsqueda del equilibrio y la solidez en sus creaciones. Su papel como socio en proyectos como Clos de los Siete, emprendimiento surgido en 1998 en el Valle de Uco, Argentina, evidencia su interés en expandir la excelencia del vino hacia nuevos territorios y públicos, democratizando el acceso a vinos de gran calidad a precios razonables.
La dimensión humana de Michel Rolland fue tan destacada como su legado técnico. Caracterizado por una personalidad amable, equilibrada y políglota, era valorado tanto por su rigor conceptual como por su cercanía y generosidad. Así lo recuerda el periodista y catador Juan Carlos Rincón Domínguez, quien rememora anécdotas personales con Rolland y destaca su permanente disposición a compartir conocimientos y apoyar proyectos emergentes.
Cada gesto, consejo y enseñanza de Rolland parecía tener el propósito de trascender la mera técnica para aportar a las nuevas generaciones una visión global y afectiva del mundo del vino. Ese era el espíritu del enólogo que, además de impulsar transformaciones a nivel internacional, supo construir lazos sólidos basados en la amistad y el respeto mutuo. Quienes lo conocieron no solo reconocen a un innovador sino a un amigo leal y generoso, cualidades que consolidaron su lugar en la historia del vino moderno.
Hoy se sigue celebrando el legado de Michel Rolland, ese brindis eterno a quienes ayudan a descubrir que la vida, y el buen vino, comienzan cuando uno está listo para apreciarlos.
¿Por qué el Valle de Uco en Mendoza es relevante en el legado de Michel Rolland?
El Valle de Uco, situado en Mendoza, Argentina, fue el lugar escogido por Michel Rolland para cimentar Clos de los Siete, un proyecto emblemático iniciado en 1998. Este sitio se caracteriza por su altitud, clima y suelos particulares, factores que, según lo expuesto por El Espectador, fueron determinantes para la visión de Rolland de producir vinos de alta calidad en tierras del “Nuevo Mundo”. Su objetivo fue mostrar que la excelencia vinícola podía trascender las fronteras tradicionales de Europa y encontrar un nuevo hogar en Sudamérica.
La elección de este valle permitió a Rolland democratizar el acceso a vinos excepcionales, adaptando técnicas europeas a las condiciones argentinas. Su aporte, entonces, no solo transformó el perfil de la producción local, sino que impulsó la valoración internacional del Valle de Uco como región clave en la evolución moderna de la enología.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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