Por: El Espectador

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Este artículo fue curado por pulzo   Mar 9, 2026 - 6:37 pm
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Colombia es reconocida en el ámbito nacional e internacional por la riqueza de sus suelos y la variedad de sus frutas, producto de condiciones geográficas y climáticas excepcionales. Esta diversidad no solo enriquece la alimentación y economía del país, sino que también conforma la identidad cultural de múltiples regiones. Algunos municipios han trascendido la producción agrícola convirtiendo sus frutos en símbolo local y en atractivo turístico, como es el caso de Anolaima en Cundinamarca y San Sebastián de Mariquita en Tolima. Ambas poblaciones, en medio de paisajes que varían entre montañas y tierras cálidas, han sido bautizadas como “la capital frutera del país”, debido a la abundancia y diversidad de sus cultivos.

San Sebastián de Mariquita, ubicado en el norte del Tolima, es un municipio con una profunda huella histórica. Desde la época colonial, según la reconstrucción de El Espectador, fue uno de los centros neurálgicos de comercio y minería tras la llegada española. Posteriormente, entre 1783 y 1816, Mariquita fue protagonista como parte de la Ruta Mutis, un trayecto asociado con la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, liderada por José Celestino Mutis. Este acontecimiento científico dejó un legado que vinculó la identidad local al estudio y cultivo de la flora.

Las condiciones geográficas de Mariquita, ubicada a 495 metros sobre el nivel del mar y con temperaturas que rondan los 26 °C, han contribuido a la riqueza de sus suelos. Ello posibilitó la proliferación de frutas como el mangostino—introducido a comienzos del siglo XX—, la manga mariquiteña, el banano, el mamey y el sapote. Esta producción agrícola no solo abastece mercados, sino que fortalece las tradiciones culturales locales, como el festival dedicado al mangostino. Todo esto le ha valido el reconocimiento de “Capital Frutera de Colombia” desde la década de 1970.

Por su parte, Anolaima en Cundinamarca ha consolidado su fama frutera gracias al clima templado (cerca de 20 °C) y la altitud promedio de 1.657 metros sobre el nivel del mar. Situado en un entorno de montañas y naturaleza, el municipio produce mandarinas, mangos, guayabas, duraznos y diversos cítricos que abastecen tanto mercados regionales como nacionales. Lo que distingue a Anolaima es la integración entre la vida campesina y la tradición agrícola, que se ha trasladado también a la oferta turística mediante el agroturismo, recorridos entre fincas y caminos reales históricos que permiten al visitante interactuar con el quehacer agrícola y gozar de paisajes únicos.

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Tanto Mariquita como Anolaima ofrecen alternativas donde la cultura y la naturaleza convergen. El primero, a través de puntos históricos como la Plaza Mayor José Celestino Mutis o la Casa de la Expedición Botánica, así como atractivos naturales como las cascadas del río Medina y la Laguna del Silencio. El segundo, con senderos rurales, visitas a fincas para cosechar fruta, avistamiento de aves y la hospitalidad de su población. En ambos municipios, los visitantes pueden experimentar sabores autóctonos, conocer tradiciones ancestrales y participar en festividades que celebran la fertilidad de la tierra. Según reportes de El Espectador, estos destinos no solo mantienen viva la producción frutal, sino que impulsan el turismo sostenible en el centro del país.

Así, los territorios fruteros de Colombia siguen siendo ejemplos de cómo la agricultura, la culinaria y el turismo pueden ir de la mano para fortalecer las economías locales, preservar la memoria histórica y mantener vigentes los lazos con la tierra.

¿Por qué el mangostino es tan relevante en la cultura de San Sebastián de Mariquita?

El mangostino se ha convertido en un verdadero emblema de San Sebastián de Mariquita, no solo por su sabor exótico y su alto valor comercial, sino también porque representa el ingenio y la capacidad adaptativa de los agricultores locales. Esta fruta, que fue introducida en la región a inicios del siglo XX, ha prosperado gracias a las condiciones climáticas óptimas de Mariquita, posicionando al municipio como uno de los principales productores de mangostino en el país y fuera de él.

Tal es la importancia del mangostino, que en la población se celebra un festival en su honor, el cual articula música, gastronomía y actividades comunitarias. Dicho evento reafirma el vínculo entre el cultivo de esta fruta y las tradiciones locales, fortaleciendo el sentido de pertenencia y orgullo entre los habitantes, como ha documentado El Espectador en sus crónicas sobre la región.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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