Por: El Espectador

El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.

Este artículo fue curado por pulzo   Ene 18, 2026 - 1:38 pm
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El proceso de escritura y lectura en la vida de un escritor con más de 25 años de trayectoria está marcado por una compleja red de tiempos, emociones y relaciones personales. Según relata el propio autor en la entrevista, el tiempo de elaboración de un libro nunca corresponde de manera precisa a su proceso creativo real. Puede decirse, por ejemplo, que un libro como Bonsai tomó cinco años en escribirse, cuando en realidad fue concebido en una semana, pero durante todo ese tiempo anterior hubo una escritura latente en otros textos. Incluso ciertos poemas surgen en minutos, aunque se gestaron durante años de reflexión e intento. En palabras suyas, la división entre la vida dedicada a la escritura y a otras actividades resulta borrosa; a menudo se lee de manera transversal a los proyectos creativos, consultando textos que en apariencia no guardan relación directa con la obra en curso pero que finalmente se integran al proceso.

Los hábitos de lectura reflejan también una disposición selectiva y subjetiva: el escritor suele leer solo las primeras páginas de cada libro, guiándose por el interés inmediato; si no hay algo fascinante desde esa entrada, prefiere no continuar. Reconoce que es un método caprichoso, que en ocasiones le impide descubrir textos cuya profundidad aparece más adelante. La lectura tiene lugar sobre todo al final del día, y el acto de subrayar y leer en formato físico —preferentemente papel— es frecuente. Sin embargo, la incursión en formatos digitales como PDFs y ebooks es habitual, sobre todo por el intercambio de obras con otros escritores. En este circuito, la economía del trueque literario es central, influyendo de modo tangible en la forma final de sus propios libros y generando una experiencia colectiva que trasciende la imagen solitaria del escritor.

En cuanto a la relación con el libro físico y digital, el autor rechaza una visión idealizada del objeto impreso. Recuerda que, en su juventud, acceder a libros era un lujo, muchas veces suplido con fotocopias cuidadosamente encuadernadas, usadas incluso como regalos cargados de sentido. Aunque reconoce la perfección técnica y sensorial que puede alcanzar un libro bien hecho, considera que lo fundamental es su funcionalidad como vehículo de lectura.

La biblioteca personal ocupa un lugar central, pero en tránsito: al mudarse de país, el escritor donó la mayor parte de sus volúmenes, decisión que oscila entre arrepentimiento y alivio. Hoy, su biblioteca es compartida, crece constantemente y alberga zonas caóticas donde conviven libros por leer y recién leídos, organizados más por idioma que por género, y en la que la relación con cada volumen implica apego, historia, y cierta renuncia.

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El contacto con los lectores, señala, es enriquecedor y a menudo paradigmático, especialmente cuando proviene de quienes no son asiduos a la lectura. Relata una experiencia en la que un niño preguntó por la inspiración para leer y no solo para escribir, lo que revela la importancia de la apropiación personal de la literatura por fuera de los ritos habituales.

La poesía atraviesa toda la obra y hasta la vida cotidiana, influyendo en la crianza y en la percepción sonora y lúdica del lenguaje. La escritura y la lectura, reivindica, deberían formar parte habitual de la existencia, como ejercicio de responsabilidad y desahogo personal. Esta práctica permite, según el entrevistado, comprenderse y establecer relaciones más purificadas con los demás.

La infancia, la familia y la dictadura configuran temas inescapables y entrelazados en sus textos. La dificultad de distinguir la vivencia personal de la experiencia histórica determina la recurrencia de estos motivos, los cuales, al ser explorados en detalle, adquieren una dimensión universal. La literatura, sostiene, no resuelve heridas colectivas como la dictadura, pero sí moviliza, reactiva el diálogo y permite mirar el pasado desde ángulos renovadores y menos condicionados por el peso del trauma.

Para el escritor, cuanto más específica es una mirada sobre la infancia o la familia, más alcance universal puede tener. La literatura, en lugar de simplificar o congelar esas vivencias, las revitaliza y abre posibilidades de apropiación y sentido incluso para quienes las leen desde una distancia cultural o biográfica.

¿De qué manera la literatura puede contribuir a sanar heridas sociales profundas como las de la dictadura?

La literatura, lejos de ofrecer respuestas cerradas o fáciles ante los acontecimientos históricos traumáticos, actúa como catalizadora de la reflexión individual y colectiva. Según el autor entrevistado, el libro no tiene la función de definir en una frase lo sentido acerca de un país o un episodio doloroso, sino de invitar a un diálogo permanente con el pasado y con uno mismo.

Este papel movilizador, que descongela y permite revisar los propios prejuicios y percepciones, otorga a la literatura una trascendencia particular en contextos de sociedades marcadas por heridas históricas. Aunque las cicatrices quizás nunca desaparezcan del todo, el acto de leer y escribir puede ayudar a mirar hacia adelante, comprender nuevas sensibilidades y superar la parálisis que, por momentos, provoca el recuerdo.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

¿Qué es 'Leer es bacano'?

'Leer es bacano' es un espacio que busca acercar los libros y la literatura a todo tipo de público, mostrando que leer no es un acto solemne ni exclusivo, sino una experiencia que puede ser emocionante, cotidiana y transformadora. Aquí los libros se convierten en un puente para conversar, descubrir nuevas ideas y entender el mundo desde múltiples miradas. El objetivo de 'Leer es bacano' es derribar la idea de que la lectura es aburrida o reservada para unos pocos. A través de entrevistas y conversaciones con escritores, el espacio invita a descubrir que leer puede ser tan atractivo como ver una serie o escuchar música, porque detrás de cada página hay historias que nos ayudan a crecer, reflexionar y conectar con los demás.