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Escrito por:  Valeria Arias
Redactora     Jun 24, 2026 - 5:15 pm

En Colombia una de las enfermedades que más asusta a sus pacientes es el cáncer. No es vano, pues esta cobra al menos 57.000 vidas año a año, según datos de la Cuenta de Alto Costo.

Sin embargo, los avances en investigación y la tecnología han permitido que hoy el cáncer no sea sinónimo de muerte, aunque sí de una batalla contrareloj para vencerla.

La quimioterapia es una de las opciones más utilizadas para combatir las células cancerosas y uno de sus efectos más conocidos es la caída del cabello, algo que hasta ahora deja una huella visible del paso del cáncer en los cuerpos.

Y a pesar de que en Colombia no ha existido tecnología que pueda frenar o detener la caída del cabello en medio de este tratamiento, una valluna viaja por todo el país cuidando los cabellos de pacientes que reciben quimioterapia. Pero más que eso, se ha convertido en guardiana de autoestima, autocuidado e intimidad.

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“Perder el cabello no es fácil. Si algo ha sido desafiante en esta labor, ha sido lo invisible que es la problemática para la sociedad. ¿Por qué las personas les restan la importancia, los médicos les restan importancia con palabras tan sutiles como ‘es que el cabello vuelve y crece, eso es lo de menos’. Y entonces tenemos que además llevar una carga de que si tomamos esta decisión, tenemos que enfrentarnos a eso”, dijo Natalia Murillo en entrevista para Pulzo sentada en una silla de una clínica en la que justamente asiste a una paciente que está enfrentándose a su última quimioterapia.

Natalia Murillo es sobreviviente de cáncer de mama. Cuando su diagnóstico llegó acompañado de un “triple negativo” dentro de las primeras cosas sobre las que se cuestionó estaba su cabello. “No quiero perderlo”, pensó, al mismo tiempo que se cuestionaba si existía algún método que le permitiera conservarlo durante la quimioterapia que iría directo a su torrente sanguíneo y, por ende, a su folículos pilosos.

Decidida a no perder su cabello, Murillo investigó y encontró un método que, aunque sonaba incómodo, le permitiría comprobar que sí se puede conservar el cabello mientras se afronta este proceso de salud. Así fue como conoció los “gorros fríos”, una técnica artesanal que le permitió salvar su intimidad y su amor propio en medio del proceso.

“Esto nació desde la propia experiencia, de la necesidad de poder apoyar a otros pacientes a vivir este proceso con más tranquilidad, con más intimidad, con poder de decisión, pero además de empoderarse de sus procesos, porque es que el proceso del cáncer te rebota muchas cosas y pierdes el control de muchas otras. Al menos puedes tener el control de tu identidad, de tu intimidad, de no estar expuesta, inclusive hasta del rechazo social, porque es que si tú pierdes el cabello, ningún banco te presta, no consigues trabajo y tú ves las personas que están haciendo esto trabajan, viven normal, no se aíslan socialmente“, destaca Natalia.

Por su parte, la paciente que recibe el tratamiento durante su terapia y que es beneficiaria de la ayuda de Natalia durante la entrevista para este medio contó sobre lo que ha podido ganar en medio del proceso.

“Le comenté a mis médicos y mis médicos me decían ‘pues eso ayuda, pero tienes que tener la certeza de que vas a estar calva en menos de 20 días’ 
Y me encontraba otro médico y me decía ‘tienes que tener claro que vas a estar calva’. Yo le dije ‘yo no, yo no voy a estar calva. Yo voy a tener la posibilidad de seguir trabajando sin que nadie se dé cuenta que estoy enferma’. Y a pesar de lo duro que es este proceso física y psicológicamente, yo seguí laborando, trabajando por este país y hoy por hoy tengo mi pelo, la gente que me ve en la calle no nota que estoy enferma y esto es gracias a estas posibilidades que da la ciencia y de esta manera también un poco artesanal, pero que me ha permitido sentir que una enfermedad tan compleja se pueda vivir dignamente”, dijo a Pulzo la paciente.

Gorros fríos: técnica para que no se caiga el cabello en la quimioterapia

Esta es una técnica que, además de evitar la pérdida del cabello, se ha comprobado que funciona para otros síntomas particulares de la quimioterapia.

Los gorros tienen una temperatura fría, lo que permite una vasoconstrucción, que cierra el folículo piloso y crea una barrera protectora contra el medicamento, evitando la caída del cabello. Y es que desde el 2006 la Dirección Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos aprobó el uso del frío para evitar la pérdida del cabello.

“Claro que tiene una parte técnica o es un protocolo, hay que estar pendientes, hay que manejar el tema de los tiempos de temperatura, pero el cabello no se cae. Es totalmente seguro en todos los diagnósticos de cáncer sólido”, dijo Natalia.

La única contraindicación que tiene este método es en pacientes con metástasis en la cabeza, leucemias o tumores cerebrales, puesto que se necesita que el medicamento llegue a la cabeza.

“Otra duda común que tienen y es si lo tienen que utilizar en días posteriores y no sé debe utilizar en días posteriores porque a ti no te hace caer el cabello el cáncer, te lo hacer caer la quimioterapia. El día de la administración es el día que está circulando el medicamento, entonces solamente lo usamos ese día. Es muy cómodo, no genera dolor de cabeza. Y no solamente tiene beneficios como el tema de evitar la pérdida de cabello, sino que evita cefalea durante la quimioterapia.
Además, hemos visto mucha mejoría en el tema de la neuropatía, otro síntoma que da, porque las yemas de los dedos de las manos y de los pies duelen y se encalambran.
Entonces este frío disminuye ese síntoma, no da”, agregó.

En 2025, la Gobernación del Valle reconoció este método mediante un decreto y otorgó el galardón Mujer Valleucana en el ámbito de la ciencia a Natalia por llevarlo a cabo con resultado exitosos.

Impactando vidas y protegiendo dignidad

Y es que este método ya acumula bastantes vidas impactadas en Colombia. Natalia hoy es líder de ‘Mi cabello en la quimio’, una red de apoyo a pacientes oncológicas que están atravesando los procesos de quimioterapia con la que ha apoyado a personas en todo el país.

“Hay una chica que nosotros acompañamos en Cali y tiene dos niños pequeños. Su esposo había fallecido de cáncer seis meses antes de que la diagnosticaran. Cuando la conocí me dijo ‘¿tú te imaginas? Estamos en duelo, enterramos el papá de los niños. Y yo ahora a decirles que tengo cáncer. ¿Tú te imaginas cómo sería ese proceso para ellos?’ Es tan fuerte, o sea, por el amor a sus hijos hizo todo su proceso y nunca les contó. Ella les decía que se iba a ponen unos sueritos, que se iba a poner unas vitaminas. Iba a su quimioterapia y nunca dijo nada hasta el día que tocó campana, los llevó y les dijo ‘miren, yo afronté un proceso, pero ya soy superviviente’. Nunca se dieron cuenta porque todo el tiempo conservó su cabello. Y es impactante porque realmente le proporcionaba tranquilidad y ella ni siquiera lo hizo por belleza, no lo hizo por vanidad, lo hizo por sus hijos, por la tranquilidad de ellos”, contó Natalia.

Así, ‘Mi cabello en la quimio’ se ha convertido en un espacio seguro para miles de pacientes que no han perdido su cabello, pero también que han recibido donaciones de pelucas cuando ya es muy tarde para iniciar el tratamiento. Estas personas y sus familias hoy entienden que esto no solo se trata de belleza, sino de conservar la dignidad mientras se vence a la muerte.

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