Por: El Espectador

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Este artículo fue curado por pulzo   Mar 23, 2026 - 4:27 pm
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La corona solar, nombre con el que se conoce la atmósfera exterior del Sol, conserva aún muchos misterios para la ciencia moderna. Este fenómeno, de acuerdo con la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés), se extiende por millones de kilómetros y permanece fuera del alcance de la observación directa debido a que la potente luz solar la oculta completamente, imposibilitando tanto su observación a simple vista como mediante telescopios convencionales. La importancia de desentrañar sus secretos radica en que la corona influye en el clima espacial y en la comprensión del funcionamiento de nuestra estrella.

Con el objetivo de brindar respuestas a estas incógnitas, la ESA puso en marcha en 2024 la misión Proba-3. Este ambicioso proyecto de dos años consta de dos naves espaciales que coordinan sus movimientos para imitar un eclipse solar artificial desde una altura superior a los 60.000 kilómetros sobre la superficie terrestre. De este modo, logran bloquear la luz intensa del Sol y así observar la corona sin la interferencia habitual. El eje de la misión reside en el coronógrafo, un instrumento instalado en una de las naves para captar la débil luminosidad de la corona.

Sin embargo, este trabajo enfrentó un contratiempo el pasado 14 de febrero. En esa fecha, la nave equipada con el coronógrafo perdió su orientación, haciendo que sus paneles solares apuntaran en dirección opuesta al Sol. Esta situación causó la descarga total de sus baterías y, en consecuencia, la pérdida de contacto con la base terrestre. Según declaraciones oficiales de la ESA, la nave espacial Coronagraph quedó girando sin control mientras la “nave gemela” permanecía en posición, monitorizando el incidente. El director general de la agencia, Josef Aschbacher, explicó que la operación para retomar el contacto fue complicada debido a la falta de energía.

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No obstante, el equipo recibió un inesperado giro favorable días atrás. El contacto se restableció cuando un pequeño haz de luz solar alcanzó uno de los paneles solares del Coronagraph, proporcionando la energía mínima necesaria para reactivar los sistemas. De acuerdo con el propio Aschbacher y reportes internos de la ESA, la nave pudo reorientar sus paneles hacia el Sol, lo que le permitió recargar sus baterías parcialmente.

El último comunicado de la ESA indica que el coronógrafo opera ahora en “modo seguro y estable”, mientras los expertos analizan a fondo su estado para identificar posibles daños. Damien Galano, director de la misión, calificó el restablecimiento del contacto como un “gran alivio”, pero insistió en la necesidad de realizar exhaustivas comprobaciones antes de continuar con la operación científica central de Proba-3.

¿Por qué la misión Proba-3 es tan importante para la investigación solar?

El interés de la comunidad científica por Proba-3 radica en que representa una oportunidad única para estudiar la corona solar en condiciones controladas. Según la ESA, la misión está diseñada para superar las limitaciones que han enfrentado generaciones previas de astrónomos al intentar observar la corona desde la Tierra o con equipos individuales en el espacio. El uso coordinado de dos naves espaciales y la creación de un eclipse artificial abren nuevas perspectivas para detectar detalles que anteriormente resultaban invisibles.

Esta indagación es crucial porque la corona solar influye en eventos de clima espacial que afectan tanto la tecnología satelital como las comunicaciones en nuestro planeta. Comprender su comportamiento y características permitirá anticipar mejor los efectos que el Sol puede tener en la Tierra, reforzando así la prevención ante tormentas solares y otros fenómenos relacionados.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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