Por: El Espectador

El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.

Este artículo fue curado por pulzo   Ene 7, 2026 - 12:26 pm
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La historia de la masa de galleta, conocida internacionalmente como “cookie dough”, se remonta a los inicios del siglo XIX. Durante esa época, los libros de cocina inglesa comenzaron a incluir recetas de “mezclas comestibles para pasteles”, lo cual representó un hito en la evolución de los postres caseros. Sin embargo, el uso común de huevos crudos en estas preparaciones planteaba serios riesgos para la seguridad alimentaria, motivo por el que su popularidad no fue inmediata, como reseña El Espectador.

No fue sino hasta finales de la década de 1990 que la masa para galletas tuvo una gran acogida. En ese momento, se impulsó una versión segura y práctica que permitía disfrutar de la textura y el sabor dulce de la masa sin necesidad de hornearla, superando así la barrera del consumo de huevos crudos. Esta innovación fue rápidamente adoptada por quienes buscaban alternativas diferentes y sencillas para consentirse en casa con recetas tradicionales renovadas.

Actualmente, la masa de galleta constituye tanto una delicia por sí sola como la base para múltiples preparaciones reposteras. Su versatilidad permite diferentes rellenos o decoraciones, y suele servirse tanto en versiones horneadas como en su popular modalidad cruda, siempre siguiendo las medidas adecuadas de seguridad.

La preparación de esta masa requiere pasos que garantizan un resultado homogéneo y delicioso. El proceso, recomendado por El Espectador, inicia con la mezcla de mantequilla, azúcar glass, sal y esencia de vainilla en un tazón amplio, hasta conseguir una textura cremosa. Se incorporan luego las yemas de huevo, mezclando hasta integrar completamente los ingredientes. A continuación, se añaden la harina de trigo previamente tamizada y la harina de almendra, lo que aporta un toque sutil y aromático. El secreto está en obtener una masa suave y uniforme.

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Una vez lista la masa, debe estirarse con la ayuda de un rodillo y refrigerarse aproximadamente por veinte minutos. Este paso es esencial para facilitar el corte con moldes o con la ayuda de un vaso, según la preferencia. Posteriormente, las galletas se hornean entre 10 y 12 minutos a una temperatura de 180 grados Celsius o 350 grados Fahrenheit, hasta que adquieran un tono ligeramente dorado. Finalmente, se dejan enfriar y se espolvorean con azúcar glass. Para quienes desean un toque adicional de sabor, se pueden rellenar con mermelada de preferencia.

Cabe destacar el llamado realizado por Tatiana Gómez Fuentes, de El Espectador, quien invita a los entusiastas de la cocina que disfrutan experimentando con recetas y sabores novedosos a escribirle con sus propuestas gastronómicas. Este intercambio promueve la creatividad culinaria y fortalece la comunidad de cocineros aficionados y profesionales.

¿Por qué es importante asegurarse de que la masa de galleta sea segura para el consumo?
La seguridad alimentaria en preparaciones como la masa de galleta ha sido motivo de atención desde sus inicios en el siglo XIX. El uso de huevo crudo en las recetas originales representaba un riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos, lo que dificultó que ganara popularidad. Con el paso de los años, la adecuación de estas recetas ha permitido que se disfruten sin ese riesgo, adoptando prácticas de manipulación segura y, en algunos casos, utilizando ingredientes alternativos. Esta preocupación continúa vigente hoy en día, e inspira mejoras constantes en la repostería casera.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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