Y para ejercitarnos en el arte de ser súper optimistas primero debemos aplicar a la técnica del vaso, el viejo discurso de que no todo es malo, ni todo es bueno. O que los gobiernos se equivocan de buena fe.

Enumerar algunos ejemplos de cómo ha sido usada esta premisa de la buena fe para justificar pasajes de nuestra cotidianidad que marcaron el pasado y perfilan nuestro futuro, puede ser el primer paso para no ser tan negativos como lo indican las encuestas de los últimos tiempos.

Por ejemplo: De buena fe se construyeron e inauguraron en el año 2000, las losas con relleno fluido del sistema de troncales de Transmilenio por la Caracas y la Autopista Norte. Aunque las han reparado, nuevamente están despedazadas como una caja de galletas.

El impopular Peñalosa ha prometido la construcción de un nuevo sistema de transporte, monorriel, aunque no ha vuelto a decir ni ‘mu’ sobre el arreglo de las vías de Transmilenio, de las que su deterioro él es el responsable, pues fue él quien tomó la decisión, aun cuando le advirtieron lo que iba a suceder.

Lo curioso de Peñalosa, además de esas torpezas en la gestión, es la forma como su equipo de prensa pretende defender su impopularidad con piezas de comunicación para el ciudadano, donde afirman en pocas palabras que les importa un bledo lo que piense la gente, porque según su manera de ver es un gobierno eficiente.

Eficiente sería pensar que Peñalosa y su combo utilizaran todos los días el Transmilenio para ir y venir como cualquier otro y no en una camioneta blindada y protegido por otros tres carros tetiados de escoltas. O, por aquello del vaso medio lleno, que saliera a caminar sin su escolta al caño de la sexta o manejara su carro para ver cómo se defiende de los ‘rompevidrios’. 

Eso sin olvidar los falsos positivos de los que Uribe y Santos, los dos, dicen no sentirse comprometidos para nada en un proceso de al menos tres mil asesinatos con víctimas inocentes que aún claman justicia.

Cómo dejar por fuera, los secuestros, masacres y actos de terrorismo cometidos por los señores y señoras de las Farc, que pretenden ahora posar de víctimas incomprendidas de un proceso en el que ellos fueron artífices del atraso y la violencia irracional donde pretendían hacer su mentirosa revolución.

Obvio, tengo que mencionar el caso del congresista, otrora terrorista y ahora prófugo de la justicia alías ‘Jesús Santrich’. Su historia parece una parodia de Sábados Felices, una burla a la justicia o simplemente una situación que nos define como sociedad.

Aún me pregunto por qué ni una sola de las leyes aprobadas y vigentes, que beneficiaron a delincuentes y narcotraficantes con ese 35 por ciento del congreso, en manos de los paramilitares, nunca fueron declaradas inconstitucionales por sus orígenes evidentemente espurios.

Ni que decir de las respuestas a la inmovilidad general en la vía al Llano, o los contratos y usufructos que desde siempre han existido.

No puedo eximir de esta columna el túnel de la Línea, Hidroituango y Reficar. O la política corrupta para ascensos en el Ejército y la Policía, o la vergüenza aun no resuelta de la comunidad del anillo.

Los escándalos son bautizados y el proceso cuenta con su nombre y apellido, carrusel: de la contratación, de la hemofilia, del papel higiénico, los pañales, los cuadernos, de la toga, los juegos nacionales, etc.

Con otro montón de temas como el Censo, que finalmente no sabemos si sirve o quedó mal hecho como lo denunció el mismo director del DANE, Juan Daniel Oviedo.

Y sin resolver ninguno de los escándalos en mención, nos invitan una vez más a pelear en las urnas, esta vez por el poder local. Es decir, gobernaciones, alcaldías, concejos y asambleas.

El primero de noviembre la noticia no será quién ganó, sino con quiénes va a gobernar, una vez más, el expresidente Uribe en buena parte del país, para que sus seguidores sigan cantando: “Pero sigo siendo el Rey”.

También será noticia las elecciones siempre cuestionadas y los costos de esas campañas y sus aportantes.

El país vuelve y se juega el futuro de las mayorías en la ruleta con una democracia costosa, corrupta y amañada para que ganen los mismos con muy contadas excepciones.

Ojalá la triste e incompleta enumeración de lo anterior solo sea el camino de herradura que elegimos para llegar a ser una nación justa y en paz.

Tengo la esperanza en que algún día las cosas van a cambiar. Si todos hacemos la tarea bien hecha. Si cada uno lo hace bien de las puertas para adentro de su casa, con su familia y amigos, respeta las normas, hace la fila e intenta ser excelente para sí mismo y los demás.

Mientras tanto, nos tocó ver el vaso medio lleno, y seguir en ese  optimismo mentiroso que ojalá se acabe pronto como lo hará el gobierno de Peñalosa.

Columnas anteriores

De redes y otros demonios

Carta abierta a mi hijo: no vuelvas a Colombia por favor

Subámonos al metro, pero solo en la imaginación

Apuestas divididas

*Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan para nada la posición editorial de Pulzo.

LO ÚLTIMO