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El departamento de Risaralda enfrenta una compleja amenaza que va mucho más allá del deterioro ambiental: la transformación de suelos rurales y de protección, fundamentales para la vida y la producción agrícola, hacia el desarrollo urbano descontrolado. Según una investigación publicada por El Diario del Otún, en estos espacios se dan los nacimientos de agua, los bosques y otras fuentes esenciales para la vida humana, pero hoy se encuentran bajo una fuerte presión que pone en riesgo su integridad y funcionalidad.
La expansión indiscriminada de urbanizaciones —como edificaciones de viviendas o establecimientos comerciales— sobre suelos destinados históricamente para la protección ambiental y agrícola, ha tomado fuerza en los últimos años. Julio César Gómez, director de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (Cárder), denunció ante El Diario del Otún que “los suelos rurales y los suelos de protección vienen siendo altaneramente urbanizados, ocupados, desconociendo la estructura ecológica principal”. Además, señaló que estas transformaciones se realizan sin considerar aspectos críticos como la sostenibilidad hídrica, el manejo adecuado de vertimientos y la importancia de la seguridad alimentaria derivada del uso agrológico del suelo.
El problema adquiere dimensiones adicionales debido a las reubicaciones promovidas por el Gobierno nacional, que movilizan a poblaciones vulnerables hacia tierras rurales y de protección sin un diagnóstico ni infraestructura adecuada. Gómez expresó su inquietud por la presencia de comunidades que, sin planificación, llegan a estos territorios y enfrentan condiciones de vida precarias por la falta de servicios básicos como el acceso al agua.
Un caso reciente se observó en la vereda La Palma, en el municipio de Marsella, donde una comunidad indígena trasladada desde Bogotá fue instalada en un predio sin consulta previa con autoridades locales ni ambientales y carente de abastecimiento de agua. Esta situación, descrita por El Diario del Otún, pone en evidencia la precariedad de los procesos de relocalización y la omisión de criterios ambientales vitales.
Los suelos rurales y de protección en Risaralda son esenciales porque, además de ser fuente de alimentos, albergan humedales, quebradas, ríos y bosques remanentes, lo que los convierte en recursos estratégicos tanto para la producción agrícola como para la conservación ecológica.
El predio conocido como Miralindo, ubicado en La Virginia, ilustra con claridad la disputa por tierras sensibles. Inicialmente, este terreno iba a ser destinado para la reubicación del Batallón San Mateo, permitiendo la construcción del Gran Parque San Mateo en el área militar actual. No obstante, tras cambiarse el rumbo del proyecto, Miralindo quedó temporalmente sin uso hasta que la Agencia Nacional de Tierras (ANT) propuso allí, según reunión con comunidades campesinas, la eventual mudanza de familias necesitadas de reubicación.
A opinión de Gómez y otros actores departamentales, la llegada de una numerosa comunidad campesina a este sector afectaría al único bosque seco tropical que persiste en la región, vital para la sostenibilidad de Risaralda. Por tal razón, las autoridades solicitaron a la Agencia Nacional de Tierras buscar alternativas territoriales que no sacrifiquen este patrimonio natural, pero los planes de traslado parecen avanzar.
¿Qué criterios debería tener en cuenta el Gobierno nacional para la reubicación de comunidades en áreas rurales de protección?
Esta pregunta surge en el contexto de los casos recientes en los que territorios agrícolas y ecológicos estratégicos de Risaralda son empleados para la reubicación de comunidades vulnerables, sin una planeación suficiente ni diálogo interinstitucional efectivo. El reto se encuentra en equilibrar las necesidades humanitarias y sociales, sin poner en riesgo los ecosistemas que sostienen la seguridad alimentaria y el abastecimiento de servicios ambientales para la región. La búsqueda de alternativas que brindan hábitats dignos a la población desplazada y que, al mismo tiempo, salvaguarden el patrimonio ecológico, es una necesidad urgente reconocida por las autoridades locales y expertos señalados por El Diario del Otún.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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