Por: El Colombiano

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Este artículo fue curado por pulzo   May 4, 2026 - 5:49 am
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En Pueblo Rico, un municipio del departamento de Risaralda en Colombia, la tasa de mortalidad infantil revela una alarmante diferencia: mueren más niñas que niños. Según reportes de mujeres pertenecientes a la zona rural, en una vereda llegaron a nacer diez niñas, y cinco fallecieron. Tal desequilibrio no obedece a causas naturales, sino que está directamente vinculado a una grave forma de violencia de género—la ablación o mutilación genital femenina (MGF)—que continúa afectando a miles de mujeres en Colombia. Así lo evidencia el testimonio de Claudia Queragama Pepe, integrante de la comunidad Emberá Chamí, quien solo hasta la adolescencia, consultando libros de anatomía, descubrió que ella, a diferencia de otras mujeres, no tenía clítoris. Esta revelación personal es solo el reflejo de una problemática silenciosa y profundamente arraigada.

De acuerdo con datos del Sistema Integrado de Información sobre Violencias de Género (Sivige), entre enero de 2024 y marzo de 2026 se documentaron 98 casos oficiales de niñas víctimas de MGF en Colombia. De este total, el 56% eran menores entre 0 y 5 años, y en el 83% de los episodios el acto tuvo lugar en el hogar mismo de la víctima. Risaralda, el territorio habitado por Claudia Queragama, lidera las denuncias reportadas; no obstante, los registros oficiales son una fracción del fenómeno, ya que el subregistro es elevado, pues muchas víctimas no denuncian ante el sistema de salud ni ante autoridades judiciales.

Para enfrentar esta situación, el proyecto de Ley 440 de 2025 fue presentado al Congreso: su propósito es erradicar la MGF, reparar a las víctimas y evitar la repetición de este patrón de violencia. A pesar de contener los elementos jurídicos necesarios, la iniciativa permanece estancada: requiere un último debate antes del 20 de junio, cuando culmina el actual periodo Legislativo. De no debatirse y aprobarse, el proceso tendrá que reiniciarse desde cero, prolongando la desprotección legal de las niñas y mujeres afectadas.

En el documental “Intactas: Niñas sin ablación”, impulsado por la representante Carolina Giraldo Botero y Jennifer Lopera, mujeres Emberá relatan su propia vivencia: muchas justifican la práctica desde creencias culturales, religiosas o sociales, aunque manifiestan que dichas razones carecen de sustento y provocan un inmenso dolor físico y emocional. Fundamentada en los relatos de estas mujeres, la propuesta de ley se sustenta en experiencias y voces locales que visibilizan el carácter dañino y anticuado de la MGF.

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Los efectos de la MGF son devastadores: las mujeres pueden sufrir dolor crónico, infecciones recurrentes, depresión, trastornos psicológicos graves, y en algunos casos, llegan al suicidio o al aislamiento. Según la Fundación PLAN, es tanto una cuestión de género como un problema de salud pública, que demanda intervenciones sensibles, libres de estigma y ajustadas al contexto cultural. El enfoque no busca estigmatizar a las comunidades indígenas, sino entablar diálogos respetuosos para cuestionar la práctica sin imposiciones, como lo señala Ángela Anzola, directora de PLAN: la misoginia y el machismo son estructurales y no exclusivos de un territorio particular.

El reto, entonces, va más allá de una reforma legal. Es necesario acompañar la educación y la pedagogía en los territorios, con la participación de las autoridades indígenas y organizaciones como Equality Now. Líderes y lideresas como Claudia Queragama, Juliana Domicó y la congresista Giraldo han sufrido incluso amenazas, reflejo de la resistencia interna al cambio. Sin embargo, insisten en que no se puede seguir perpetuando prácticas que generan sufrimiento y muerte en nombre de la tradición.

¿Qué significa mutilación genital femenina (MGF) y en qué consiste?
La mutilación genital femenina (MGF) es una práctica que implica la alteración o lesión de los órganos genitales femeninos por razones no médicas y, por lo general, sin consentimiento informado. En Colombia, especialmente entre comunidades indígenas como los Emberá Chamí, Katío y Dobidá, esta práctica puede comprender desde la extirpación parcial o total del clítoris hasta la reducción de la abertura vaginal. Las consecuencias físicas y emocionales pueden ser severas, abarcando dolor crónico, infecciones, dificultades en la vida sexual y daños psicológicos. Comprender su significado y peligros es esencial para avanzar hacia su erradicación.

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