Pero el diario bogotano también les reclama en su editorial, además de a la alcaldesa Claudia López, al comandante de la Policía Metropolitana de la capital y al director general de la institución, que les digan al afectado, a ese medio y al país “quiénes fueron los responsables, qué medidas de sanción se tomarán y cómo garantizarán que esto no le ocurra a ningún colombiano”.

El caso por el que se pronuncia con vehemencia este martes el rotativo ocurrió el jueves pasado por la tarde en la carrera 15 con calle 100, en el norte de Bogotá, y pudo pasar, por todos los elementos involucrados, conocidos hasta ahora desde la perspectiva del periodista, de sainete a tragedia.

Los detalles se conocieron en un artículo escrito en primera persona, pero firmado y presentado en ese periódico, en tercera persona, por Juan S. Lombo. El relato da cuenta de que el periodista, el día de los hechos, vio cómo varios policías detuvieron una camioneta conducida por una mujer que “bajo el vidrio y les entregó algo”, una escena que a él le pareció “muy similar a la de un soborno”, aunque aclara al respecto: “No tengo más elementos que los que vi para decirlo”.

Después de que el vehículo se fue, los uniformados abordaron al periodista y le pidieron sus papeles, relata el comunicador, y admite que nos los tenía y que solo contaba con su carné de El Espectador, así que optó por darles verbalmente el número de su cédula. “Le pedí fue su cédula, usted puede inventarse cualquier número. Eso lo podemos falsificar hasta nosotros, tiene que irse pa’l CAI”, fue la respuesta que recibió, según su versión.

Después vino —agrega la narración— un tire y afloje por la conducción del periodista al CAI. Él escribe que pudo llamar a su familia, aunque los policías “interrumpían la llamada y decían que no importaba”, que “igual” lo iban a llevar. “En ese momento le dije a la persona con la que estaba hablando que estaban exaltados los agentes porque los había visto recibiendo lo que parecía un soborno”, recuerda el comunicador.

Por ese ‘parecer’ del periodista, los policías “se alteraron aún más” y le dijeron que “estaba cometiendo un delito porque los estaba injuriando”, y que lo “iban a procesar y presentar ante la Fiscalía”, escribe el afectado, y agrega: “Les dije que simplemente mencioné lo que posiblemente había visto, pero nunca los acusé de algo”.

Después vino el traslado al CAI, para lo cual los uniformados esposaron al periodista, en medio de gritos de parte y parte. Además, según el periodista, fue amenazado por uno de los uniformados con una pistola ‘taser’. Y, como si fuera poco (y quizá en momentos de pandemia pueda resultar más letal que un ‘taser’), el periodista denuncia que se le cayó el tapabocas, no se lo pudo acomodar por permanecer esposado y que el mismo policía que lo amenazó con el ‘teaser’ “se quitó el tapabocas” y le “hablaba a la cara”.

Para El Espectador, este es “un ejemplo de lo que ningún ciudadano debe padecer”, por lo cual pregunta en su editorial: “¿Qué hacen los policías, empoderados por la pandemia y el estado de emergencia, cuando nadie los ve?”, y se declara a la espera de que “vengan las sanciones disciplinarias que corresponden, así como un compromiso de cara a la ciudadanía de que esas situaciones no estén pasando en otros lugares y sean normales”.

El influyente diario, que admite que “la insinuación de que hubo un soborno involucrado” hizo que los policías se declararan “ofendidos”, califica el hecho como “historia de terror” porque los uniformados “no estaban interesados en identificarlo [al periodista]”, sino que “solo querían atemorizarlo”.

“Nada de lo ocurrido tiene presentación”, afirma el rotativo. “Lo que hicieron los patrulleros que trabajan en el CAI del parque El Japón es ejemplo de todo lo que la Policía no debería hacer”.