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En la zona rural del municipio de La Unión, ubicada en el Oriente de Antioquia, se confirmó la presencia de un puma tras el reporte de un habitante que denunció ataques a carneros de su propiedad. Como respuesta, técnicos de la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare) acudieron al lugar con el fin de proporcionar orientaciones para la protección de animales domésticos y proponer métodos de ahuyentamiento que permitan reducir el riesgo de futuros ataques, siempre priorizando el bienestar tanto del ganado como del felino.
Con el objetivo de recabar datos precisos sobre los movimientos del puma y su comportamiento, Cornare informó que se instalará en breve una cámara trampa en la zona afectada. Esta herramienta permitirá conocer mejor el tránsito del animal para fundamentar las decisiones de manejo con base en información técnica y fidedigna. Paralelamente, las autoridades emitieron una advertencia acerca de la proliferación de imágenes en redes sociales que muestran supuestas huellas del felino, pero que, tras una verificación minuciosa, se determinó que no corresponden a un puma. De acuerdo con Cornare, este tipo de desinformación puede alimentar temores injustificados y conllevar consecuencias negativas para la fauna silvestre local.
Los recientes reportes se suman a antecedentes similares en la región. Por ejemplo, en septiembre de 2025, productores de la vereda Roblaito A en Sonsón manifestaron temor tras ataques a ganado bovino. Asimismo, en diciembre de 2024, la observación de un puma en un árbol en la frontera entre Guatapé y El Peñol alarmó a la comunidad. Según declaraciones de David Echeverri, jefe de Biodiversidad de Cornare, el puma está catalogado como una especie prioritaria para la conservación y su caza se encuentra estrictamente prohibida.
En Colombia no existen registros históricos de ataques de pumas a personas; por el contrario, estos grandes felinos suelen evitar el contacto humano y cazan principalmente durante la noche. Estudios recientes citados por Cornare confirman que los felinos silvestres están implicados en solo el 5% de las muertes de ganado reportadas, mientras que la mayor parte de estos casos se atribuye a perros ferales o gatos domésticos abandonados.
El biólogo Andrés Felipe Castillo puntualizó que la fragmentación de los corredores biológicos, ocasionada por el crecimiento de áreas urbanas y productivas, ha limitado el espacio vital de estas especies. Un puma puede recorrer entre 7 y 16 kilómetros diarios buscando alimento y territorio. Los ataques a animales domésticos suelen coincidir con una escasez de presas naturales o una gestión deficiente del ganado, como es el caso de dejar crías o animales vulnerables demasiado cerca del bosque.
Para favorecer la convivencia y proteger tanto al ganado como a la fauna silvestre, los expertos recomiendan reforzar corrales, aplicar modelos silvopastoriles, emplear medios de ahuyentamiento no letales y evitar el abandono de residuos alimentarios en áreas abiertas. Frente a la presencia directa del felino, se sugiere mantener la calma, conservar distancia y abstenerse de intentar capturarlo o atacarlo. Además, la línea de atención 3217811388 de Cornare está disponible para reportar cualquier incidente relacionado.
Es relevante destacar que la presencia del puma refleja un entorno rico en biodiversidad y evidencia el buen estado de conservación de los ecosistemas. Además, en la jurisdicción de Cornare también se encuentran otras cinco especies de felinos silvestres, lo que subraya la importancia de una gestión responsable y técnicamente basada de estas situaciones. En este contexto, ¿cuál es el equilibrio adecuado entre la protección de la fauna silvestre y la seguridad de las comunidades rurales?
Esta pregunta es relevante porque refleja la necesidad de encontrar soluciones que permitan la coexistencia entre las personas dedicadas a actividades productivas y las especies silvestres protegidas. La fragmentación de los hábitats y los desafíos derivados de la urbanización intensifican los encuentros entre humanos y grandes felinos, haciendo imprescindible adoptar estrategias informadas, éticas y sostenibles.
El reto consiste en reducir los riesgos para ambas partes y fomentar una visión de conservación que valore la biodiversidad sin desatender la seguridad y el bienestar de las comunidades rurales. Debatir sobre este equilibrio es fundamental para asegurar la persistencia de la fauna y la estabilidad social en las zonas afectadas por la presencia de estos animales.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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