Es por esto que el artículo fue demandado bajo el argumento de que, tal como estaba, “la norma no establece un límite a la actividad de la Policía, pues se deja a discreción de los funcionarios transgredir derechos a la intimidad personal, a la familia o a la inviolabilidad del domicilio”, informó Blu Radio.

El alto tribunal, que anteriormente también había tumbado la prohibición del consumo de bebidas alcohólicas y drogas en sitios públicos, le dio la razón a la demanda privilegiando el derecho a la privacidad y eliminó el artículo, añade esa emisora.

Algunas personas interpretaron esta noticia como una carta blanca para que las personas puedan hacer todo el ruido que quieran sin consecuencias.

La medida obliga a las autoridades a tener una orden para ingresar a un inmueble a cesar un ruido excesivo, pero esto no significa que no vayan a acudir a mediar en caso de que alguna persona los llame por este motivo. La decisión de la Corte tampoco exime al que incurra en conductas de perturbación de la tranquilidad de responder por ellas.

Eso sí, las reacciones retratan a una sociedad que se ha acostumbrado a los extremos. El primero es que hasta la propia conducta de los ciudadanos está reglamentada por normas escritas cuando, al menos en este caso, debería ser de simple sentido común el no molestar al prójimo.

De otro lado, aunque el Estado termina siendo leguleyo, no ejerce soberanía y reina el caos, por lo que las personas optan por hacer justicia por mano propia. De ahí que las riñas y agresiones entre ciudadanos sean el pan de cada día.

Aunque quizá a modo de broma, alguno pareció interpretar la decisión de la Corte como un abandono, ante el cual se sintió compelido a salir a agredir al primer vecino que suba en exceso el volumen de su equipo de sonido.