Todo comienza (o por lo menos eso es lo que se ve en el video que circula por redes), con una mujer situada en el espacio, demarcado con pintura amarilla, para que se estacionen los vehículos que van a tanquear gasolina.

Un policía se le acerca y esgrime un escapulario o cadena con sus dos manos, a manera de defensa contra lo que le pudiera ocurrir al meterse con un fenómeno paranormal.

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—¡Demonio, demonio! Estamos hablando usted y yo —le dice el uniformado a la mujer, siempre poniendo por delante la cadena que sostiene con ambas manos— Eso, eso. Vamos a hablar en nombre de Dios ¿listo? Siéntese bien. Siéntese bien, demonio.

El policía intenta ayudar a sentarse a la mujer, mientras le insiste: —Siéntese bien, demonio. Quédese quieta. Vamos a hablar: ¿cómo se llamaba la niña?

La mujer mira al policía e intenta hablarle, pero no puede pronunciar con claridad nada.

—Escríbame, escríbame —le dice el policía—. Escríbame cómo se llamaba la niña, demonio.

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La mujer, con la palma de su mano derecha sobre el piso, hace unos garabatos ininteligibles.

¿Por qué le gusta este cuerpo? —le pregunta el policía al supuesto demonio.

La mujer menea la cabeza sin definitivamente poder articular palabra.

—¿Ella tiene muchas debilidades? —repite el policía, reafirmando la supuesta respuesta que le acababa de dar el demonio que tiene supuestamente poseída a la mujer.

Shhhh ¡Ey, regálenme silencio! —les grita el uniformado a los que están cerca de la escena y murmuran sobre la situación.

¿¡Cómo!? ¿Qué debilidades tiene Alejandra? Dígame —sigue el policía en su diálogo con el supuesto demonio, y se puede inferir que la mujer se llama así.

¿Que ama mucho a la familia? ¿Que da la vida por los demás? —reconstruye el policía de los balbuceos de la mujer.

—Sí —logra responder la mujer.

—Dígame más, demonio.

—No —vuelve a responder a secas la mujer y empieza a garabatear de nuevo en el piso con la palma de su mano derecha.

El policía se incorpora, pero se vuelve a agachar para hacerle una pregunta.

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—¿Qué? ¿Qué me va a decir?

La mujer vuelve a sus movimientos, y él le pregunta: —¿Qué estás escribiendo?

El uniformado le dice algo inaudible a la mujer, después escucha una voz del lado de quien graba la escena, y, de inmediato, cambia de postura. Ahora pone una mano en el pecho de la joven y otra en la espalda y la empuja contra el piso.

¡Duérmete! ¡Duérmete! —le grita, y la lleva hasta el suelo.

La joven, tendida en el piso, estira los pies a manera de convulsión. El policía se levanta, la deja, camina hacia un lado de la cámara y resopla con aire de cansancio y de satisfacción.