Ese medio dedicó su espacio de opinión a Claudia López, exactamente una semana después de que fuera asesinado en un bus de Transmilenio Oswaldo Muñoz, por robarle su celular, y la alcaldesa diera unas declaraciones que sugirieron que entre los responsables de ese crimen que estremeció a Bogotá había ciudadanos venezolanos.

Pocas horas después de que el país se enterara de la muerte de Muñoz, López dijo: “No quiero estigmatizar, ni más faltaba, a los venezolanos, pero hay unos inmigrantes metidos en criminalidad que nos están haciendo la vida cuadritos”. Y después advirtió que “el que venga a ganarse la vida decentemente, bien; pero el que venga a delinquir, deberíamos deportarlo sin contemplación”.

Esas declaraciones no solo fueron entendidas por unos como una maniobra para soslayar la responsabilidad por la creciente ola de inseguridad que golpea a la capital, que no es percepción, sino que está probada con cifras. También fueron vistas por otros como una salida en falso más de la mandataria que provocaron la reacción del embajador de Venezuela en Bogotá y hasta la preocupación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Importantes medios colombianos también han criticado a López por lo que dijo. La revista Semana le recordó que “las palabras importan” y le criticó que “volvió a utilizar un lenguaje peligroso”, esta vez señalando “delincuentes por su país de origen”. Hubo internautas que descalificaron lo dicho por esa publicación, a la que achacaron una supuesta tendencia uribista, pero después fue El Espectador el que reprochó a la mandataria capitalina y le dijo que su declaración fue “inútil, irresponsable”.

Hubo quienes, como el polémico abogado Abelardo de la Espriella, de una forma que ha sido calificada de irrespetuosa, atacaron a la mandataria en lo personal. De la Espriella la comparó con el ‘Guasón’, villano de la historieta de Batman.

En el mundo de los medios, como se ve, el debate estaba circunscrito al ámbito colombiano. Pero este jueves se pronunció el diario venezolano El Nacional, que se dirigió a López recordándole que “la tragedia de los casi 5 millones de venezolanos repartidos por todo el mundo no tiene precedentes en la historia del país, pero tampoco en la de las ciudades que los han recibido, sobre todo las latinoamericanas”.

Ese medio encuentra, además, una característica distintiva en la migración forzada a que son sometidos los venezolanos, y se la enrostra a la alcaldesa de Bogotá: “La xenofobia que ha despertado entre pueblos que dicen llamarse hermanos”.

Siempre hay alguna autoridad local que prefiere generalizar para explicar fenómenos como el aumento de la delincuencia”, dice el editorial de El Nacional en otro de sus apartes. “Es el caso de la alcaldesa de Bogotá. […] Para ella la explicación del repunte de criminalidad se debe a la inmigración. Lo que demuestra la mandataria local es que no entiende de fenómenos sociales. Hacer acusaciones de esta manera, generalizar sobre índices delictivos y culpables, es mostrar un desconocimiento alarmante sobre la dinámica social bogotana”.

Y se pregunta (y le pregunta) a López: “¿No debería saber una persona que se dedica a la política y pretende gobernar los destinos de una población que la delincuencia es un asunto multicausal y que es muy difícil señalar específicamente a un grupo poblacional?”.

Pero el medio trasciende de lo político a lo humano y plantea a López un interrogante fundamental: “¿Y dónde queda la empatía? Esa que se supone que los políticos deben ejercitar para ponerse del lado de los que sufren o de los más necesitados”, dice el editorial y recuerda que hace años cientos de colombianos “fueron cariñosamente acogidos” en Venezuela.

“Parece que esos lazos y esa solidaridad no son importantes para la mandataria local”, termina el editorial. “Si quiere obviar el pasado común, las raíces de hermandad, puede hacerlo, pero los venezolanos necesitados de refugio son seres humanos que necesitan una mano, no un grupo al que hay que rechazar. Es tan simple como entender que como alcaldesa todo lo que diga tiene resonancia en la gente. ¿Prefiere enseñar a odiar?”.