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El terremoto ocurrido el 10 de agosto en Cali significó mucho más que daños materiales: implicó una alteración profunda para las instituciones educativas y el tejido social de la ciudad. El cierre de colegios no solo suspendió las clases, sino que también interrumpió servicios esenciales como la alimentación escolar y la rutina diaria de miles de familias, de acuerdo con la información proporcionada por la Secretaría de Educación.
En total, había 338 sedes educativas oficiales en la ciudad. Tras el sismo, 214 de ellas reportaron alguna afectación. Para afrontar la situación, se conformaron 10 equipos de ingenieros estructurales y arquitectos, quienes inspeccionaron cuidadosamente las instalaciones para definir cuáles podían ser ocupadas, cuáles requerían restricciones y cuáles debían permanecer cerradas. El resultado de estas revisiones determinó que 248 sedes estaban en condiciones para funcionar, 81 solo podían habilitarse parcialmente y 9 quedaron completamente inhabilitadas. Esto provocó que el regreso a clases fuera desigual, pues cada institución enfrentaba condiciones particulares que requerían un manejo específico.
Por estas razones, mientras algunas comunidades educativas lograron restablecer la presencialidad completa, otras debieron continuar bajo esquemas de alternancia o educación no presencial mientras avanzaban las reparaciones. Según un informe de las autoridades, para el 21 de agosto, 86.003 estudiantes —alrededor del 60 % de los 142.000 matriculados en el sistema oficial— ya habían regresado a las sedes habilitadas. En ese momento, el balance mostraba un 76 % de presencialidad, 4 % en alternancia y 20 % en atención no presencial. Con el paso de las semanas y el avance de 11 frentes de obra para recuperación, la presencialidad llegó al 95 % de los estudiantes.
Durante la emergencia, el Programa de Alimentación Escolar (PAE) mantuvo su atención en el 78 % de las instituciones, el 15 % recibió alimentos industrializados y el 7 % operó mediante canastas. Por su parte, la estrategia "Todos Somos Educación" se encargó de distribuir ayudas a comunidades afectadas, incluyendo 240 mercados y 226 kits de aseo. Las intervenciones en infraestructura se sumaron a un plan previamente establecido: antes del terremoto, el Distrito ya tenía proyectada una inversión de más de $208.000 millones de pesos para fortalecer la infraestructura educativa, con la mayoría de los recursos provenientes del empréstito "Invertir para Crecer". Cabe destacar que este presupuesto se había definido antes del sismo y no cubre los costos de las obras derivadas de la emergencia, cuyo monto definitivo aún debe establecerse.
Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
¿Cómo afectó el terremoto a la educación en Cali?
El terremoto causó daños en 214 de las 338 sedes educativas oficiales, lo que hizo necesario cerrar temporalmente muchas instituciones. El regreso a clases se produjo de manera paulatina según la condición física de cada sede, lo que llevó a implementar esquemas mixtos de presencialidad, alternancia y educación no presencial hasta que la mayoría de los estudiantes pudo retornar finalmente a las aulas.
¿Qué acciones implementó el Programa de Alimentación Escolar tras el terremoto en Cali?
Luego del terremoto, el Programa de Alimentación Escolar (PAE) adaptó su operación: el 78 % de las instituciones mantuvo la preparación en sitio, el 15 % recibió comidas industrializadas y el 7 % usó canastas, garantizando que los estudiantes contaran con apoyo nutricional pese a las dificultades logísticas derivadas de la emergencia.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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