El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
Gustavo Gorriti se ha consolidado como una de las figuras más influyentes del periodismo de investigación en América Latina durante más de cuatro décadas. Su lucha incesante contra la corrupción en la región ha sido reconocida ampliamente, obteniendo galardones como el prestigioso Premio Héroe Mundial de la Libertad de Prensa, otorgado por el Instituto Internacional de Prensa (IPI) y el International Media Support (IMS), así como premios de gran relevancia en Hispanoamérica, entre ellos el Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia de Nueva York, el Rey de España y el reconocimiento de la Fundación Gabo. Actualmente dirige IDL-Reporteros, el medio independiente más destacado de Perú. En esta trayectoria, fue homenajeado en Bogotá por la Red de Periodismo Latinoamericano Connectas con el Premio Legado, instaurado en 2026, que resalta una vida íntegra dedicada al compromiso con la verdad, compartido en esta ocasión con Carmen Aristegui de CNN.
La carrera de Gorriti ha coincidido con algunos de los momentos más turbulentos de la historia contemporánea de Perú, incluyendo la dictadura de Alberto Fujimori en los años noventa. De acuerdo con su testimonio y los registros de la época, llegó a estar secuestrado por las fuerzas de inteligencia militar tras el golpe de Estado del 5 de abril de 1992. A pesar de ello, logró su liberación y siguió enfrentando al régimen desde el periodismo, incluso cuando la represión lo obligó al exilio en Estados Unidos y Panamá. Allí continuó su labor denunciando la corrupción, como cuando dirigió investigaciones en el diario “La Prensa” de Panamá enfrentando al poder político y judicial. Por su integridad y persistencia, Gorriti ha sido objeto de persecución, amenaza y campañas de desinformación.
Volver a Perú supuso nuevos riesgos. En años recientes, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dictó medidas cautelares a su favor por amenazas a su vida, aunque Gorriti mismo admite que esas salvaguardas han sido simbólicas ante el clima de hostilidad, especialmente por parte de figuras políticas como Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima y candidato presidencial, quien públicamente incitó a la violencia en su contra. Según sus palabras, trabajar bajo amenazas requiere fortaleza interna, adquirida a lo largo de años de ejercicio profesional y forjada a través de la práctica disciplinada de deportes como el judo y otras artes marciales.
Los últimos años tampoco han estado exentos de desafíos personales y profesionales. En 2023, Gorriti enfrentó un diagnóstico de cáncer que, según relata, reforzó su determinación y su capacidad para reaccionar ante la adversidad. Paralelamente, ha debido responder a investigaciones judiciales y acusaciones derivadas de su cobertura del caso Lava Jato, un escándalo internacional que reveló redes de corrupción vinculadas a la empresa Odebrecht en Perú y el resto de América Latina. A pesar de ser acusado de manipulación e injerencia, sostiene que estas acciones son tácticas utilizadas para intimidar la labor periodística independiente.
Con 77 años, Gustavo Gorriti mantiene su compromiso con la investigación y la defensa de la democracia y la libertad de prensa frente a amenazas autoritarias y mafias que continuamente mutan para evadir la justicia. Reconoce que el trabajo periodístico exige valor, perseverancia y, en muchas ocasiones, gran sacrificio personal. Al analizar el contexto político actual, advierte el resurgimiento de ideologías extremistas y de la erosión de las instituciones democráticas, fenómeno que, a su juicio, se asemeja al ascenso de los totalitarismos en los años treinta, subrayando la urgencia de que el periodismo independiente permanezca alerta y resiliente.
Al ser consultado por el legado para las futuras generaciones de periodistas, Gorriti aconseja reflexionar profundamente antes de elegir este oficio, señalando que si bien exige virtudes y entrega, también expone a quienes lo ejercen a conflictos éticos y riesgos constantes. Su mensaje subraya la necesidad de defender principios fundamentales como la libertad y el honor, recordando ejemplos históricos como el de Guillermo Cano, símbolo de la lucha contra la corrupción y la violencia en el periodismo latinoamericano.
¿Qué significa el caso Lava Jato en el contexto del periodismo de investigación?
El caso Lava Jato representó una de las investigaciones de mayor impacto en América Latina, sacando a la luz una compleja red de corrupción impulsada por la multinacional brasileña Odebrecht, que operó en varios países de la región. Para el periodismo, este caso fue crucial porque evidenció la colaboración transnacional de reporteros y medios independientes, que a través de alianzas (como la que lideró Gustavo Gorriti desde IDL-Reporteros) lograron documentar y exponer actos de corrupción a niveles nunca antes alcanzados. Esta labor desencadenó procesos judiciales, renuncias y un intenso debate sobre la transparencia pública.
Desde la perspectiva periodística, el caso Lava Jato puso en evidencia los riesgos que enfrentan los comunicadores al informar sobre crimines de altos funcionarios y redes empresariales. También demostró la importancia de las investigaciones profundas e independientes para mantener la vigilancia sobre el poder, a pesar de campañas de desprestigio, amenazas y procesos judiciales en contra de quienes buscan informar con veracidad. ¿Logrará el periodismo seguir cumpliendo este papel esencial ante el avance de las amenazas autoritarias y la desinformación?
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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