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En medio de una larga controversia ambiental y social, el Gobierno de Colombia ha autorizado la eutanasia de al menos 80 hipopótamos en la cuenca del río Magdalena, una decisión que vuelve a poner en el centro del debate las múltiples alternativas que se han contemplado, pero nunca concretado, respecto al manejo de estos animales. De inmediato, surgieron reacciones desde la comunidad internacional, especialmente desde México, donde la Asociación de Zoológicos, Criaderos y Acuarios de México (AZCARM) manifestó su reproche ante este desenlace, subrayando los esfuerzos infructuosos por encontrar una solución alterna y humanitaria.
De acuerdo con declaraciones de Ernesto Zazueta Zazueta, presidente de AZCARM, reproducidas por medios como El Colombiano, durante casi tres años la organización mexicana, junto al Ostok Sanctuary y el Greens Zoological Rescue and Rehabilitation Center, trabajó en un ambicioso proyecto de reubicación internacional. La propuesta consistía en trasladar a la India y a México un grupo considerable de estos hipopótamos, con el objetivo de preservar la vida de los animales e impedir daños mayores al ecosistema colombiano.
Sin embargo, las gestiones chocaron con una serie de obstáculos burocráticos. Según Zazueta, si bien existía el compromiso internacional, la infraestructura y los recursos económicos —superiores a los tres millones de dólares y conseguidos por la propia organización— nunca se obtuvo la autorización definitiva del Ministerio de Ambiente de Colombia. La operación, que requería de un complejo esquema logístico y coordinación entre instituciones de ambos países, terminó paralizada, generando un clima de frustración e impotencia ante el avance de una problemática que ya alcanzó dimensiones nacionales e internacionales.
Las razones que motivaron el plan de reubicación tienen que ver, además, con la historia y la dimensión del fenómeno. Los hipopótamos de la cuenca del Magdalena son descendientes de cuatro ejemplares traídos ilegalmente en la década de 1980, durante el auge del narcotráfico, y desde entonces, sin depredadores naturales, la población ha superado los 200 individuos de acuerdo con cifras oficiales.
Para las organizaciones animalistas y entidades internacionales, la opción letal no debe ser la única alternativa. La AZCARM insiste en que, mientras exista disposición y recursos para un plan de manejo y reubicación, el diálogo multilateral debería mantenerse abierto. De hecho, Zazueta ha reiterado su voluntad de colaborar con el gobierno colombiano, señalando que los animales “no tienen fronteras” y que la preservación de la vida silvestre es una labor global que trasciende los límites nacionales.
En ese contexto, la polémica por el destino de los hipopótamos ilustra los desafíos que implica la gestión de especies exóticas invasoras y las tensiones entre los intereses ambientales, políticos y sociales. A pesar de no haberse concretado la vía del traslado internacional, el debate sobre el destino de los hipopótamos permanece abierto, resaltando la necesidad de construir soluciones concertadas que prioricen el bienestar animal y la conservación de los ecosistemas colombianos.
¿Por qué se consideran invasores los hipopótamos en Colombia?
Este interrogante refleja una de las preocupaciones centrales en torno a la presencia de los hipopótamos en la cuenca del Magdalena. Según lo explicado en los reportes de El Colombiano y los datos oficiales, estos animales no son originarios del territorio colombiano; llegaron hace más de cuatro décadas de manera ilegal y, sin enemigos naturales, su número creció de forma descontrolada.
Debido a que alteran el equilibrio ecológico, contaminan fuentes de agua y desplazan especies nativas, las autoridades ambientales consideran a los hipopótamos una especie invasora. Esta clasificación es determinante para definir las medidas de control y manejo, incluyendo aquellas tan polémicas como la eutanasia, que busca evitar daños mayores tanto al medioambiente como a las comunidades locales.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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