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Escrito por:  Fabián Ramírez
Subeditor     Mar 19, 2026 - 11:41 am

En Colombia, el hábito de enviar fotos de la cédula de ciudadanía por WhatsApp, correo electrónico o cargarlas en múltiples plataformas digitales para acceder a servicios se ha vuelto cotidiano. Sin embargo, lo que muchos consideran un paso inofensivo para completar un trámite, es en realidad una puerta abierta para los ciberdelincuentes. Expertos advierten que este modelo de gestión de identidad está quedando obsoleto y está disparando los riesgos de fraude y suplantación en el país.

Héctor García, director del Observatorio Gobierno y TIC de la Pontificia Universidad Javeriana, señala que Colombia enfrenta un rezago preocupante frente a las tendencias globales. Según el experto, el sistema actual obliga al ciudadano a perder el control de su información sensible cada vez que interactúa con el mundo digital.

“Cada vez que enviamos una foto de la cédula o compartimos datos personales en diferentes plataformas, estamos aumentando la exposición de nuestra información sin tener control real sobre quién la usa o cómo se protege”, explica García. Esta fragmentación de los datos no solo genera “fricción” y demora en los servicios, sino que crea bases de datos vulnerables que son el objetivo principal de los ataques de phishing y robo de identidad.

Frente a este panorama sombrío, en regiones como Europa ya se abre paso un concepto revolucionario: la identidad autosoberana. Este modelo busca devolverle el poder al usuario, permitiéndole gestionar directamente su información y compartir únicamente los datos estrictamente necesarios para un proceso específico, bajo estándares de seguridad avanzados y verificables.

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“El futuro de la identidad digital pasa por devolverle el control al ciudadano. No se trata de compartir toda la información, sino solo la necesaria”, afirma el director del Observatorio de la Javeriana. En lugar de entregar un PDF con todos los datos de la cédula, el ciudadano podría validar su edad o su residencia mediante una clave digital encriptada, sin revelar información adicional que no sea pertinente para el trámite.

Para que el país dé el salto hacia este nuevo estándar, los desafíos son estructurales. No se trata solo de tecnología, sino de cerrar la brecha de acceso a internet, fortalecer la ciberseguridad nacional y, sobre todo, crear una cultura de protección de datos en la ciudadanía. La identidad digital se ha convertido en una infraestructura crítica para la economía; de ella depende la confianza en las transacciones y la relación entre el Estado y los colombianos.

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