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Escrito por:  Fabián Ramírez
Subeditor     Mar 18, 2026 - 8:27 am

La angustia por la desaparición de David Felipe Acosta, el ingeniero de 27 años visto por última vez el 1 de marzo en la ‘Zona T’ de Bogotá, terminó este martes con su hallazgo. Sin embargo, lo que parecía ser un final feliz se ha transformado en un expediente oscuro donde las versiones de las autoridades y la familia chocan radicalmente. 

Mientras la ciudad debatía sobre la inseguridad y los “paseos millonarios”, la investigación de la Sijín y el Gaula arrojó una conclusión que dejó fríos a muchos: el joven habría abandonado la ciudad por su propia voluntad y bajo sus propios medios.

Según reveló el general Giovanny Cristancho, comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, se descarta cualquier tipo de secuestro o extorsión. Fuentes cercanas a la investigación confirmaron a La FM una hipótesis de peso: Acosta estaría implicado en la creación de una captadora ilegal de dinero (pirámide) con la que habrían resultado estafadas al menos 10 personas.

El rastro de los investigadores sugiere que, tras captar millonarios recursos y presuntamente perderlos en casos de azar y casinos, el ingeniero tomó la decisión de huir de la capital para evitar dar la cara a los afectados.

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En la otra cara de la moneda está el relato de Piedad Edith Botina, madre de David, quien entregó a La FM una versión digna de una película de suspenso. Según la mujer, su hijo no huyó, sino que fue víctima de una red de trata de personas que pretendía “venderlo para trabajos forzosos”.

La madre asegura haber encontrado a su hijo en una zona selvática de la Costa Caribe, sin ropa ni zapatos. “Él relata que estuvo con más personas, niños y niñas que iban a ser vendidos”, afirmó Botina. Según su testimonio, el joven logró sobrevivir gracias a su formación en un colegio militar y a que fue auxiliado por “chamanes” de la región que lo protegieron tras escapar de sus captores.

Para justificar cómo el ingeniero sobrevivió 17 días en condiciones extremas, su madre destacó que David es atleta y que desde los cuatro años estuvo vinculado al colegio militar Antonio Nariño, donde aprendió estrategias de defensa y resistencia. “Sintió los golpes, las torturas y lo que es aguantar hambre”, añadió la mujer, insistiendo en que la falta de un pedido de rescate se debió a que el objetivo era el tráfico humano.

Por ahora, el contraste es total: para la Policía se trata de un hombre escapando de líos financieros y estafas, mientras que para su familia es un sobreviviente de una red criminal internacional. La nota de protesta diplomática o las acciones judiciales por la supuesta captación ilegal serán los próximos pasos en este confuso episodio.

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