La seguridad de la infraestructura estratégica en Colombia acaba de dar un giro aterrador. Durante décadas, la amenaza en las ciudades se medía en carros bomba o ataques convencionales, pero el hallazgo de un dron acondicionado con explosivos a pocos kilómetros de la rampa militar de Catam, en Bogotá, confirma que los grupos armados han evolucionado hacia la guerra tecnológica.
El operativo, desplegado por la Fuerza Aeroespacial y la Policía tras una alerta de la Fiscalía de Popayán, permitió encontrar un sistema no tripulado cerca del río Bogotá. Lo que encendió todas las alarmas no fue solo la carga —258 gramos de C4 instalados en un tubo de PVC— sino su mecanismo de operación: el dron estaba adaptado con un carrete de fibra óptica.
Esta modalidad, detectada recientemente en conflictos internacionales como la guerra entre Rusia y Ucrania, cambia las reglas del juego. Al ser guiado por cable físico, el dispositivo se vuelve inmune a los inhibidores de señal tradicionales que usa la fuerza pública. “Con la fibra óptica no se generan señales electromagnéticas, lo que optimiza la tarea criminal y evita que los bloqueadores lo detecten”, explicaron fuentes de inteligencia.
El brigadier general John Henry López Mejía, comandante de Catam, confirmó que el dispositivo tenía una adecuación no convencional y que se han activado protocolos conjuntos con el Ejército y la Armada para blindar el complejo aeronáutico de El Dorado.
Desde 2024, las autoridades han registrado al menos 460 ataques con drones en el país, dejando un saldo trágico de 19 muertos y 287 heridos. Sin embargo, que esta amenaza llegue a la capital y contra una zona de transporte militar y civil es un escenario de seguridad multidimensional.
Expertos como el coronel (r) Alexander Mora advierten que Colombia sigue siendo reactiva. “Los grupos criminales observan las guerras modernas y adaptan capacidades rápidamente”, señaló Mora, subrayando que un ataque exitoso contra El Dorado no solo sería una tragedia humana, sino un golpe devastador al comercio, el turismo y la economía nacional.
El hallazgo reabre el debate sobre la falta de un sistema integral anti-UAS (sistemas contra drones) en la capital. Actualmente, la ciudad depende en gran medida de la observación humana para detectar vuelos clandestinos tipo FPV (vuelo en primera persona), ya que los radares convencionales tienen limitaciones para rastrear estos dispositivos de baja altura y pequeño tamaño.
Líderes de seguridad como Hugo Acero comparan este momento con la época post-Caguán, cuando las Farc atacaron puntos clave como El Nogal. La diferencia es que hoy el enemigo no necesita un camión; le basta un dispositivo pequeño, silencioso y guiado por un hilo de fibra óptica para sembrar el caos.
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