La historia de Barreto Díaz parecía, hasta hace unas semanas, la de una víctima más de la inseguridad en la capital. Su rastro se perdió el pasado 19 de enero luego de salir del centro comercial Titán Plaza, en Bogotá.
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Sin embargo, lo que la opinión pública no sabía era el entramado de una presunta estafa piramidal que, según el propio Barreto a El TIempo, escaló hasta volverse “abismal y desmedida”.
Bajo la presunción de inocencia que rodea cualquier proceso judicial en curso, Barreto explicó al medio citado cómo funcionaba el modelo que lideró durante ocho años. No se trataba de una empresa con grandes avisos publicitarios, sino de un sistema basado en el voz a voz y, sobre todo, en la confianza de su círculo más íntimo.
El esquema captaba dinero de inversionistas particulares mediante contratos a seis meses. La promesa era tentadora pero buscaba parecer “real”: un rendimiento del 6 % mensual durante los primeros cinco meses. El sexto mes no generaba ganancias y se devolvía el capital.
Según le dijo Barreto al periódico capitalino, este porcentaje fue diseñado para competir con el mercado informal y ofrecer una alternativa a quienes caían en los peligrosos préstamos “gota a gota”. Sin embargo, el castillo de naipes empezó a tambalearse cuando la estructura dejó de ser manejable.
Uno de los puntos más críticos de la investigación, y que Barreto aclaró en El Tiempo, es el uso de su pasado laboral como garantía de credibilidad. El hombre trabajó años atrás en una cooperativa de transporte que fue liquidada. Aunque él asegura que perdió contacto con dicha entidad, ese antecedente sirvió como “fachada” para que los inversionistas creyeran que su dinero estaba respaldado por una institución sólida.
“[A] nadie se le ocurrió averiguar en la Cámara de Comercio la existencia de la misma”, confesó Barreto en el mismo medio, evidenciando que la falta de verificación de los aportantes facilitó que el modelo se expandiera sin supervisión legal alguna.
¿Por qué desapareció realmente?
La desaparición de Barreto no fue un secuestro, sino una huida por temor. Según su relato el rotativo, el punto de quiebre ocurrió cuando el flujo de caja se detuvo en octubre del año pasado. Al intentar sostener los pagos con su propio patrimonio y fallar, las amenazas no tardaron en llegar.
Barreto relató a El Tiempo un episodio angustiante: un intermediario, que manejaba recursos superiores a los 4.000 millones de pesos, le habría advertido que, si no cumplía con los pagos, “lo iba a pagar con su propia vida”.
Ante la imposibilidad de concretar la venta de unos vehículos para responder, el hombre decidió evadirse, lo que provocó el reporte de desaparición que circuló en medios y redes sociales.
Ahora, en un intento por limpiar el nombre de sus allegados, Barreto fue enfático en declarar que actuó solo. “Yo quiero hoy responsabilizarme de todo como única cabeza de lo sucedido”, afirmó tajantemente al diario. Según su versión, ni su esposa, ni sus padres, hermanos o sobrinos tenían conocimiento o participación en el manejo de los recursos.
Incluso, desligó de cualquier responsabilidad a los funcionarios de la cooperativa donde trabajó anteriormente, asegurando que ninguno estuvo involucrado en su modelo independiente de inversión.
¿Dónde está el dinero?
A pesar de las cifras astronómicas que se mencionan, Barreto sostiene que no vive una vida de lujos. Aseguró no tener dinero en el banco y que los recursos “se fueron en la misma dinámica” del sistema, que incluía préstamos a comerciantes, inversiones en criptomonedas y plataformas similares a la cuestionada Omega Pro.
Hoy, Uriel Barreto permanece en un lugar oculto, según le dijo a El Tiempo. Ha manifestado su intención de entregarse a la justicia, pero bajo una condición clara: que se le garantice seguridad. “Si no hay una orden (de captura con custodia)… básicamente yo quedo a merced”, señaló, refiriéndose al riesgo que corre ante los cobradores que lo buscan.
Por ahora, el caso queda en manos de la Fiscalía General de la Nación, entidad que deberá determinar si este relato de “negocio fallido” esconde una conducta criminal sistemática y cuál será el destino judicial del hombre que pasó de ser un desaparecido a ser el rostro de una tragedia financiera en Bogotá.
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