Hasta ahora, diferentes sectores (políticos, periodistas y Gobierno) se han manifestado a favor y en contra de la llegada de la Brigada de Asistencia a Fuerzas de Seguridad, del Comando Sur de Estados Unidos. El principal punto del debate se venía centrando en si el arribo de esos militares viola el artículo 173 de la Constitución, que establece que la presencia o paso de tropas extranjeras por el país debe ser aprobado primero por el Congreso.

El ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, ha insistido en que se trata de una fuerza de apoyo, acompañamiento y asesoría en materia de lucha contra el narcotráfico. Opositores como Gustavo Petro han ido al extremo de decir que el presidente Iván Duque “ha violado la soberanía nacional, igual que violan a las mujeres las tropas que vienen a este país”.

Desde una perspectiva menos apasionada, Ávila apela en su columna de El País, de España, a los datos para poner en duda que el verdadero objetivo de la misión estadounidense sea el narcotráfico. “Todo indicaría que esta fuerza no va a causar ningún desequilibrio en la lucha contra las drogas”, asegura, y a renglón seguido explica por qué.

Recuerda que el mismo Departamento de Estado de EE. UU. asegura que Colombia tiene el mayor número de hectáreas de hoja de coca cultivas en toda su historia: 212.000 para el 2019, y recalca que ese fue el “primer año de la administración de Iván Duque”, quien ganó la presidencia “diciendo que en el periodo de Santos había ‘mano blanda’ contra el narcotráfico y que en general todo era culpa del proceso de paz”.

“Afirmaban [Duque y el uribismo] que cuando ellos llegaran rápidamente iban a controlar el fenómeno. Sin embargo, los cultivos crecieron […] por una dinámica propia del mercado, con un dólar cada vez más caro, por lo que los campesinos que siembran reciben más dinero por el gramo de pasta base”, explica Ávila. “Crecieron porque la demanda internacional nunca se contrajo y, sobre todo, por la ampliación del mercado de la cocaína. […] El mercado de la droga funciona como cualquier otro, bajo la ley de la oferta y la demanda”.

Por eso, Ávila, como muchos otros analistas, reitera que, si se quiere combatir efectivamente el narcotráfico, “se deberían hacer esfuerzos grandes en identificar las redes de lavado de activos, las rutas de droga que salen por aeropuertos y puertos marítimos legales, es decir, atacar la parte de la cadena donde se forma mayor riqueza”.

“Traer brigadas para combatir decenas de miles de familias cocaleras empobrecidas dispersas por gran parte del país no parece ser una buena estrategia. Se ha intentado por décadas y el resultado, hoy, es la cifra más alta de cultivos”, insiste Ávila. “Aún pensado que esta brigada tiene como único objetivo el combate del narcotráfico, la dinámica internacional, al menos por los próximos meses, indica que el mercado no se va a contraer. Parece una estrategia ridícula y poco efectiva”.

Hasta el Consejo de Estado le acaba de pedir al presidente Duque que explique la llegada de militares de EE. UU. Ese tribunal le recuerda al Jefe de Estado que, según la Constitución, el tránsito de tropas extranjeras por el territorio nacional “demanda la intervención de distintas autoridades del poder público, entre las que se cuenta el Consejo de Estado”.

En contraste, otras voces se levantan para descalificar a quienes preguntan por las tropas estadounidenses al país. Es el caso de Roberto Zabaraín, en El Heraldo, de Barranquilla, para quien esos críticos son “Bullas de Comunistas y de los de siempre Barreras Petros Cepedas Robledos [sic] y sus cómplices de las Farc, que andan nerviosos porque unos militares gringos se encuentran en el país […] para desmontarles su aparato”.

“La desvariada oposición, apegada a nuestro santanderismo idiota, hasta formó polémica sobre si la cosa debía ser previamente aprobada por el Congreso, o si cabía dentro de las facultades presidenciales”, continúa Zabaraín en su escrito, y llega al extremo de asegurar que “quien proteste lo hace por falta de oficio, o por sistema o, más grave, porque se siente afectado, y toca entonces investigar cuánto”.

En suma, Zabaraín, para celebrar la llegada de las tropas de EE.UU. al país, modifica la vieja expresión antiestadounidense “Yankee, go home” y propone esta “para ponerles letreros de bienvenida: Yankees welcome home”.