El analista deportivo parte de las tempranas eliminaciones en Rusia de Argentina y los dos últimos campeones mundiales, España y Alemania, que basaron sus éxitos justamente en la escuela del dominio del juego mediante largas secuencias de pases que predominó en los últimos tiempos especialmente en Europa.

Ha perdido efecto el poseer el balón y moverlo de lado  a lado “sin crear conceptos de amplitud, profundidad y generación”, plantea el reconocido comentarista deportivo en El Espectador, donde pone como ejemplo a España, que ejecutó más de 500 pases en su último partido, y apenas generó dos opciones de gol:

“No es tener la pelota por tenerla, es saber aprovechar los resquicios que deja el rival en la búsqueda de la recuperación para encontrar los orificios por donde se puede atacar”.

Las transiciones y el balón parado

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El periodista parte de las estadísticas para explicar el nuevo modelo: en Rusia 2018 se han marcado 158 goles, 69 en jugadas de pelota quieta. Y muchos de los goles que llegaron por esa vía decidieron clasificaciones o eliminaciones. Para la muestra Francia, que abrió así su camino a la final de este domingo.

“Ese 43,7 % de goles con balón estático reflejan el trabajo de auténticos técnicos que preparan y leen los partidos, tras auscultar a los enemigos y encontrarles los puntos flacos, y saben que en partidos parejos se saca ventaja con un gol en pelota quieta”, concluye mejía.