Por: El Espectador

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Este artículo fue curado por pulzo   Ene 17, 2026 - 4:26 pm
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El caso de Mahsa Amini, la joven que falleció en 2022 mientras estaba bajo custodia policial en Irán tras ser arrestada por supuestamente no portar adecuadamente el hiyab (velo islámico), ha revelado de manera contundente la situación de vulnerabilidad y represión que afrontan las mujeres en ese país. Sin embargo, el nombre de Amini es solo uno entre los miles de mujeres cuyas vidas han sido truncadas en nombre de la moral defendida por la República Islámica liderada por Ali Jameneí. Contar lo que sucede bajo este régimen, que impone fuertes restricciones en nombre de la religión y la tradición, implica riesgos considerables, particularmente para los artistas y cineastas disidentes, muchos de los cuales han sido detenidos, torturados e incluso forzados al exilio por intentar mostrar la realidad iraní al mundo.

En ese contexto, el cine emerge como una herramienta poderosa para evidenciar las experiencias ocultas por la censura estatal. Películas como “The Seed of the Sacred Fig”, dirigida por Mohammad Rasoulof, permiten adentrarse en el impacto de la represión política sobre la vida cotidiana de las familias, ilustrando cómo el miedo y la vigilancia estatal penetran hasta el ámbito más íntimo del hogar. Rasoulof, conocido crítico del régimen, ha enfrentado la cárcel y el exilio debido a su postura desafiante y sus obras audiovisuales.

Otra muestra es “The Witness”, obra de Nader Saeivar con guion de Jafar Panahi, que relata la lucha de una mujer mayor contra el encubrimiento de un feminicidio por parte del Estado. La película enfatiza las limitaciones que sufren las mujeres iraníes, quienes se ven privadas incluso de acciones tan básicas como bailar, pensar y decidir sobre sus propias vidas.

La vigilancia y persecución a quienes desafían estos códigos se evidencia en casos como el de los directores de “My Favourite Cake”, Maryam Moghadam y Behtash Sanaeeha, condenados a prisión por narrar la historia de una viuda septuagenaria que busca significado y autonomía a través de una inesperada relación con un taxista, en un país donde la expresión femenina está bajo constante sospecha.

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En “Reading Lolita in Tehran”, dirigida por Eran Riklis, se plasma la resistencia intelectual en tiempos de represión, mostrando a la escritora Azar Nafisi y sus alumnas reuniéndose clandestinamente para redescubrir literatura prohibida, enfrentando las restricciones impuestas tras la Revolución Islámica. La película destaca el rol esencial de la cultura como refugio y medio de oposición.

El filme “Holy Spider” de Ali Abbasi expone la permisividad de las autoridades ante crímenes de género, al narrar la historia de un asesino serial de trabajadoras sexuales cuya captura recae en manos de una periodista, mientras la complicidad de la policía y el régimen perpetúa la impunidad. La protagonista, Zar Amir Ebrahimi, perseguida también fuera de la pantalla, refleja las consecuencias de desafiar las normas impuestas a las mujeres.

El icónico “Persepolis”, adaptación de la novela gráfica de Marjane Satrapi, recorre la transformación de Irán desde la revolución hasta la imposición del fundamentalismo religioso, visto a través de los ojos de una niña que deberá enfrentar la represión estatal conforme va descubriendo el poder de la cultura, la música y la libertad individual.

Por último, “No One Knows About Persian Cats” de Bahman Ghobadi resalta la precaria situación de los jóvenes iraníes amantes de la música, quienes deben ocultarse y soñar con escapar para ejercer su pasión. La película refleja el precio que puede tener la libertad creativa en una sociedad donde el arte puede pagarse con la vida, mostrando la resiliencia y el deseo de cambio a pesar de la opresión.

¿Qué impacto han tenido estas películas en la sociedad iraní?

La representación de la represión y la lucha de las mujeres en Irán a través del cine permite visibilizar una realidad muchas veces silenciada por los mecanismos de censura del Estado. Para los ciudadanos iraníes, ver reflejadas sus historias y desafíos en la pantalla puede fortalecer un sentido de identidad y resiliencia, aunque el acceso a estas obras suele estar restringido dentro del país. Además, la persecución a cineastas y actores evidencia los riesgos asumidos por quienes buscan fomentar el debate y la reflexión social desde el arte.

A nivel internacional, estas producciones han contribuido a crear conciencia sobre los derechos humanos en Irán, al tiempo que han dado voz a las mujeres y jóvenes que desafían la opresión. Sin embargo, el temor a represalias sigue presente tanto para los creadores como para los espectadores dentro de Irán, lo cual condiciona el impacto transformador que estos relatos podrían tener si existiera verdadera libertad de expresión.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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