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En La Guajira, el discurso sobre el potencial ha dominado las conversaciones: potencial turístico, minero-energético, agroindustrial, y muchos otros ámbitos en los que el territorio parece tener condiciones favorables. Sin embargo, como señala Luis Guillermo Baquero, gerente de la Mesa Más La Guajira de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), el potencial es solo una hipótesis, no un recurso tangible. El verdadero activo radica en la productividad, en la capacidad de transformar ese potencial en recursos concretos, desarrollo de talento, inversión, valor agregado, empleos formales e ingresos sostenibles para la población.
La falta de productividad bien dirigida hace que el desarrollo se quede en meros relatos, cambiando de tono y de vocero según el momento, pero sin evidenciar resultados perdurables. La urgencia de diversificar no responde únicamente a un asunto de discurso. Según Baquero, la economía departamental está excesivamente expuesta al sector minero-energético, que representa el 98 % de las exportaciones. Esta concentración implica que cualquier alteración en ese sector se convierte en un choque de gran magnitud para la región, afectando el empleo, la inversión y la vida cotidiana de los habitantes. Tal vulnerabilidad queda expuesta en indicadores sociales contundentes: en 2024 la pobreza monetaria alcanzó un 65,7 %, evidencia que el debate público debe girar en torno a la productividad y no solo a anuncios o promesas.
La diversificación económica no se refiere a dejar de lado el carbón o restar importancia al sector minero-energético, sino a construcción de capacidades inexistentes a la escala necesaria: infraestructura, logística, servicios, formación técnica adaptada a las necesidades del territorio, seguridad y fortalecimiento empresarial. Apropiarse de una verdadera diversificación demanda romper la costumbre de evaluar el progreso a partir de inauguraciones, e instaurar una cultura donde la productividad y la formalidad empresarial sean los verdaderos indicadores de avance.
Un eje transversal en este proceso es el adecuado uso de las regalías, recursos que –según el análisis de Baquero– no pueden seguir fragmentándose en proyectos aislados y sin impacto colectivo. Se deben orientar hacia proyectos estratégicos: mejoramiento de vías terciarias, sistemas de riego, infraestructura judicial y de seguridad, así como formación técnica ajustada a la demanda real de sectores clave como turismo y agroindustria.
El turismo se presenta como un caso de estudio dentro de esta lógica. Datos recopilados por la Cámara de Comercio de La Guajira en su informe socioeconómico de 2025 destacan que las llegadas internacionales en el primer semestre de ese año crecieron un 96 %, y el consumo con tarjeta por parte de turistas internacionales alcanzó unos USD 2,2 millones. Sin embargo, ese crecimiento será anecdótico si no se convierte en músculo productivo local, es decir, si no se traducen esas cifras en empleos, empresas sostenibles y mejores servicios.
Una conversación madura sobre turismo exige no solo promover atractivos, sino consolidar condiciones habilitantes: seguridad en las vías, servicios públicos confiables, ordenamiento territorial, información de calidad y estándares en el servicio al cliente. De no darse ese entorno mínimo, la visita de turistas apenas produce un valor efímero mientras que la sostenibilidad sigue escapando de la región.
A todo esto se suma el reto del tejido empresarial. Aunque La Guajira cuenta con empresas, el 96,8 % corresponde a microempresas, lo que implica una baja capacidad de inversión y escasas posibilidades de crecer o integrarse en cadenas productivas de mayor impacto. La diversificación, por tanto, no consistirá solo en nuevos sectores sino en fortalecer medianas empresas, mejorar los encadenamientos y captar verdadero valor agregado.
No se requieren más discursos sobre lo que La Guajira podría ser; la clave es priorizar la productividad. El desarrollo, concluye Baquero, solo se materializa con hechos medibles y sostenibles, no con declaraciones.
¿Qué significa “pobreza monetaria” y cómo se relaciona con el contexto de La Guajira?
La pobreza monetaria, según se menciona en el texto con datos de 2024, es un indicador social utilizado para identificar el porcentaje de personas cuyos ingresos están por debajo del umbral necesario para cubrir el costo de una canasta básica de bienes y servicios. En La Guajira, el nivel de pobreza monetaria alcanzó un 65,7 %, lo que refleja una profunda vulnerabilidad socioeconómica y una urgente necesidad de fortalecer la productividad y la diversificación económica.
Esta cifra contextualiza los retos del departamento: la excesiva dependencia del sector minero-energético y la falta de diversificación productiva hacen que gran parte de la población quede expuesta a los efectos adversos de los choques económicos. Si no se optimizan los recursos disponibles y se fomenta un tejido empresarial robusto, La Guajira continuará enfrentando dificultades para reducir este flagelo y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
¿Dónde queda el puente de cristal y el letrero más grande de Colombia?
En Manizales, el nuevo puente de cristal del Bulevar de Chipre se roba todas las miradas. Una obra moderna que conecta arte, turismo y sostenibilidad, con vistas de 360° al Eje Cafetero. Diseñado con pisos transparentes y zonas culturales, este espacio marca un nuevo comienzo para la ciudad, impulsando su economía y atrayendo viajeros de todo el país. También, y a solo unas horas de Bogotá, otro rincón conquista a los turistas: el pueblo con el letrero más grande de Colombia, famoso por su imponente “Cascada del Amor” en Macanal (Boyacá).
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