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Este artículo fue curado por pulzo   Ene 15, 2026 - 12:29 pm
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El proceso de arrendamiento de un local comercial en Colombia continúa siendo fuente de inquietudes tanto para comerciantes como para propietarios, principalmente por las obligaciones y derechos que la ley impone sobre ambas partes. El tema resulta especialmente relevante por las diferencias sustanciales en la regulación legal entre contratos de vivienda y de locales comerciales. Mientras los contratos de arrendamiento de vivienda urbana están regulados por la Ley 820 de 2003, los de locales comerciales se rigen según lo estipulado en el artículo 518 y los subsiguientes del Código de Comercio colombiano. Esta distinción normativa es clave, ya que condiciona aspectos como los plazos, los derechos de las partes y los motivos de terminación.

Según lo explicado en el espacio consultado, la figura del arrendador —quien entrega el establecimiento— tiene entre sus principales obligaciones el deber de poner el inmueble a disposición del arrendatario en condiciones que permitan su goce pleno para fines comerciales. Por el lado del arrendatario, la responsabilidad va mucho más allá del simple pago del canon mensual: debe asegurar que el espacio se destine efectivamente al propósito establecido en el contrato y cumplir con las regulaciones de propiedad horizontal en caso de que el local se encuentre en edificios sujetos a este régimen. Estas obligaciones mutuas buscan salvaguardar tanto los intereses del propietario como la estabilidad del negocio instalado en el inmueble.

En materia de terminación contractual, el tiempo que lleva en funcionamiento el establecimiento de comercio se convierte en un elemento determinante. Si el local ha estado en uso por menos de dos años, el contrato puede darse por terminado al concluir el plazo pactado, sin mayores restricciones para el arrendador. Sin embargo, superado ese tiempo, la ley otorga al arrendatario el derecho a la renovación automática del contrato, excepto en situaciones específicas detalladas por la legislación.

Entre las causales válidas para terminar un contrato después de los dos años, destacan el incumplimiento grave por parte del arrendatario, el deterioro considerable o la ruina del inmueble que requiera reparaciones mayores, o la necesidad comprobada del propietario de disponer del local para establecer un negocio propio distinto. Es fundamental, según explicó el especialista, que en estos escenarios el arrendador comunique su decisión al arrendatario con al menos seis meses de antelación, salvo que exista un incumplimiento contractual, caso en el cual no se requiere este preaviso.

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El consejo principal aportado por el especialista consultado resalta la importancia de que los propietarios definan con claridad la destinación del inmueble comercial antes de firmar cualquier acuerdo. De igual modo, los comerciantes deben informarse adecuadamente sobre sus derechos, especialmente respecto a la renovación automática del contrato luego de dos años de uso continuo. Comprender los aspectos legales y prácticos del arrendamiento de locales comerciales no solo previene conflictos, sino que además protege la economía tanto de propietarios como de arrendatarios, reforzando la seguridad jurídica en este tipo de relaciones contractuales.

¿Qué implica el derecho a la renovación automática del contrato de arrendamiento comercial?

El derecho a la renovación automática del contrato, una vez cumplidos dos años de funcionamiento continuo del establecimiento de comercio, representa una salvaguarda fundamental para los arrendatarios. Esta protección legal limita la posibilidad de que el propietario decida no renovar el contrato de forma arbitraria, garantizando así la permanencia del comerciante y la estabilidad de su actividad económica, salvo por las tres causales precisas permitidas por la normatividad vigente.

Comprender a fondo las condiciones para ejercer este derecho resulta esencial para los comerciantes, pues les permite proyectar su negocio a largo plazo y reducir la incertidumbre frente a eventuales cambios de local. Así mismo, saber exactamente en qué casos puede terminarse el contrato evita posibles litigios y promueve relaciones más transparentes entre arrendadores y arrendatarios en el ámbito comercial.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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