Por: El Espectador

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Este artículo fue curado por pulzo   Feb 23, 2026 - 3:10 pm
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En la mayoría de cocinas, la sal de mesa sigue siendo la gran protagonista, elemento básico e imprescindible en la alimentación cotidiana. No obstante, detrás de ese sencillo salero sobre la mesa, existe un verdadero universo de sales con características y usos diversos, que pueden ir mucho más allá de lo conocido por la mayoría de personas. Según reseña El Espectador, la variedad disponible actualmente es casi infinita, abarcando tipos que se distinguen no solo por su textura, color y origen, sino también por las particularidades que brindan en la experiencia culinaria.

El recorrido de las sales más conocidas comienza con la sal de mesa. Se trata de una sal que proviene principalmente de minas y pasa por un elaborado proceso de refinamiento, cuyo fin es eliminar impurezas y ofrecer granos finos, uniformes y fáciles de dosificar. Dicha sal suele estar enriquecida con yodo o flúor (componentes agregados para aportar beneficios a la salud pública) y, además, contiene antiaglomerantes para prevenir que se solidifique. La facilidad de uso, el costo accesible y la gran solubilidad la han convertido en la opción práctica por excelencia para la cocina diaria.

Por otro lado, la sal marina —extraída de la evaporación natural del agua de mar— conserva mayor cantidad de minerales y se caracteriza por tener cristales más gruesos. Este rasgo le otorga no solo una presencia visual distintiva, sino también una textura apreciada en platos que requieren de ese aporte final sobre carnes o pescados.

Existen también tipos de sal cuya apariencia diferenciada potencia los usos culinarios. La sal gorda o de cristales grandes es especialmente valorada en preparaciones como carnes a la parrilla o pescados enteros, donde los gruesos granos forman una costra protectora durante la cocción. Asimismo, sobresalen las sales en escamas y la flor de sal, apreciadas en la alta cocina por su ligereza, sabor delicado y proceso artesanal de recolección.

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Una de las variedades más populares hoy día es la sal rosada del Himalaya, proveniente de minas en Pakistán y reconocible por su color, resultado de las trazas minerales como el hierro. Aunque es común asociarle múltiples propiedades beneficiosas, el artículo aclara que, nutricionalmente, no es muy diferente a la sal convencional, pues su composición continúa siendo principalmente cloruro de sodio.

El espectro se amplía aún más con las sales negras, como la hawaiana —coloreada con carbón activado— y la del Himalaya o Kala Namak, famosa por su aroma sulfuroso que la vuelve protagonista en platos veganos y decoraciones llamativas. Finalmente, la sal ahumada, que adquiere su aroma al ser expuesta al humo de maderas seleccionadas, constituye una alternativa ideal para quienes desean realzar carnes, pescados o vegetales asados.

En síntesis, aunque la diferencia esencial entre las variedades es principalmente la procedencia, el tamaño y la forma del grano, así como los tratamientos que han recibido, cada una aporta niveles distintos de sabor, textura y presentación a las preparaciones. La elección de la sal, más allá de una cuestión técnica, es parte de la personalidad y creatividad de quien cocina.

¿Por qué se recomienda a veces el consumo de sal yodada?

El artículo menciona que muchas sales de mesa están enriquecidas con yodo. Esta práctica, avalada por entidades de salud, responde a la importancia del yodo en la dieta humana. El yodo es un mineral esencial para el organismo, y su deficiencia puede provocar problemas de salud como trastornos tiroideos.

Por esta razón, en varios países se decidió añadir yodo a la sal refinada. De esta manera, se busca asegurar que la población reciba una cantidad suficiente de este mineral, sin modificar drásticamente los hábitos alimentarios. Así, la sal yodada cumple una función preventiva de salud pública, ayudando a reducir los riesgos asociados a la falta de yodo en la alimentación diaria.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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