Por: DIARIO DEL PEREIRA

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Este artículo fue curado por pulzo   Mar 28, 2026 - 1:26 pm
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En la actualidad, el Programa Madre Canguro del Hospital Universitario San Jorge de Pereira destaca como una estrategia fundamental para enfrentar la mortalidad infantil, especialmente entre los bebés prematuros o con bajo peso al nacer, en cinco departamentos del occidente colombiano. Según lo reportado por El Diario, este programa se ha consolidado como un referente en la región, mostrando resultados sobresalientes en la supervivencia y el desarrollo de los neonatos más vulnerables.

Hace casi medio siglo, la situación para los niños nacidos antes de término o con un peso inferior a los 2.500 gramos era dramática: las cifras de mortalidad infantil se ubicaban entre 50 y 100 casos por cada 1.000 bebés, y las condiciones hospitalarias no favorecían su recuperación. Las unidades neonatales funcionaban bajo un esquema de aislamiento riguroso en el que incluso las madres tenían restringido el ingreso, lo que generaba situaciones de soledad y estrés, tanto para los padres como para los recién nacidos. En ese contexto, bastaba la presencia de una bacteria oportunista para desencadenar tragedias, ante la vulnerabilidad del entorno cerrado.

Las prácticas comenzaron a transformarse en 1978 gracias a la iniciativa en el Hospital La Samaritana de Bogotá, donde, bajo la dirección médica de Edgar Rey Sanabria, se propuso una alternativa inspirada en la naturaleza: mantener a los bebés en contacto piel a piel con sus madres, simulando el resguardo de los marsupiales. Esta técnica reducía la hipotermia y facilitaba una alimentación constante, así como el suministro de los medicamentos necesarios. El pediatra John Byron Martínez Ríos resalta que esta medida permitió, además, la reducción significativa de infecciones intrahospitalarias, al autorizar no solo el ingreso de las madres, sino también el de los padres, promoviendo un entorno familiar más saludable para los menores.

El avance fue impulsado internacionalmente gracias a la labor de la pediatra francesa Nathalie Charpak, quien, tras beneficiarse personalmente del método, introdujo innovaciones y creó en 1994 la Fundación Canguro. Desde entonces, se ha capacitado a profesionales de la salud de 25 países, y la Organización Mundial de la Salud reconoció en 2003 el método como un hito en la atención de niños prematuros a nivel mundial.

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El Hospital San Jorge creó su propio Programa Madre Canguro en 2014, consolidando un equipo multidisciplinario de especialistas entre los que sobresalen pediatras, psicólogos, nutricionistas, enfermeras y oftalmólogos. Desde entonces, más de 1.800 niños han sido beneficiados. El hospital actualmente atiende un promedio de 240 menores al mes y cuenta con 610 pacientes activos, brindando un seguimiento desde el nacimiento hasta que los bebés superan los parámetros de peso y talla que aseguren su supervivencia. Si esto no ocurre dentro del rango esperado, se gestionan los controles adicionales a través del sistema de salud.

El equipo, liderado por la enfermera jefa Luisa Fernanda Villada y el pediatra John Byron Martínez, se ha convertido en un pilar de apoyo para las familias, ofreciendo no solo atención médica sino también acompañamiento emocional. La cobertura del programa se extiende por el Eje Cafetero, el norte y centro del Valle del Cauca y parte de Chocó, y sus resultados subrayan la importancia de fortalecer las estrategias de humanización en la atención neonatal. El gerente Javier Alejandro Gaviria Murillo enfatiza el compromiso, la calidad y la humanidad que caracterizan al personal del programa. Además, la prematurez ya no está asociada únicamente a condiciones de pobreza; factores metabólicos maternos también inciden, ampliando el rango de atención a todos los estratos sociales.

¿En qué consiste el contacto piel a piel y por qué es esencial para los bebés prematuros?

El contacto piel a piel, característico del Programa Madre Canguro, implica mantener al recién nacido en cercanía directa con el cuerpo de la madre o el padre, asegurando regulación térmica natural, mayor frecuencia de lactancia y protección inmunológica para el bebé. Esta práctica ha sido clave para reducir la incidencia de complicaciones médicas y emocionales en los niños prematuros, así como disminuir significativamente la tasa de mortalidad asociada. La fuerte evidencia recogida en el entorno hospitalario respalda su eficacia, haciendo de este método una alternativa preferente frente a la tradicional incubadora en ciertos casos.

La relevancia de comprender este enfoque radica en que, más allá de la tecnología médica, el contacto afectivo puede marcar la diferencia en la supervivencia y el desarrollo saludable del neonato, como lo han confirmado las instituciones y fuentes citadas en el texto.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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