La comprensión científica tradicional sobre el final de la vida ha dado un giro inesperado gracias a investigaciones recientes que demuestran que la actividad biológica no se detiene de forma instantánea tras el fallecimiento.
Según información divulgada recientemente y replicada en sitios como Telecinco, se ha descubierto que ciertos componentes del organismo humano, específicamente las células madre musculares, poseen una capacidad de resistencia asombrosa que les permite permanecer en un estado de latencia activa hasta por diecisiete días después de que se declara la muerte clínica del individuo.
Este fenómeno ocurre porque estas células específicas logran entrar en un estado de dormancia profunda que reduce drásticamente su consumo de energía. Al detenerse el bombeo de sangre y el suministro de oxígeno, la mayoría de los órganos y tejidos comienzan un proceso de descomposición rápida.
Sin embargo, las células madre musculares activan mecanismos de supervivencia que las protegen del entorno tóxico que se genera tras el deceso. Este descubrimiento desafía la noción de que la muerte es un evento puntual y la redefine como un proceso biológico gradual y asincrónico.
El secreto detrás de esta supervivencia prolongada reside en la capacidad de estas células para adaptarse a condiciones extremas de anoxia o falta de oxígeno. Durante este periodo de 17 días, las células se mantienen protegidas en sus nichos biológicos, esperando condiciones favorables que, en un entorno natural, nunca llegarán.
Lo más sorprendente para los científicos es que, si estas células se extraen del cadáver incluso dos semanas después del fallecimiento, mantienen su capacidad de dividirse y transformarse en tejido funcional si son cultivadas en un laboratorio adecuado.
Este hallazgo tiene implicaciones revolucionarias para la medicina moderna y el campo de los trasplantes de órganos. Actualmente, la ventana de tiempo para aprovechar tejidos es muy limitada, pero saber que ciertas células conservan su viabilidad durante tanto tiempo abre la puerta a nuevas técnicas de regeneración celular.
Además, este fenómeno ayuda a explicar por qué ciertos procesos genéticos, conocidos como el tanatotranscriptoma, muestran una actividad inusitada en las horas y días posteriores a la muerte, donde algunos genes incluso se expresan con más fuerza que cuando la persona estaba viva.
La ciencia continúa estudiando cómo el cuerpo humano gestiona este último aliento biológico a nivel molecular. Este conocimiento no solo altera nuestra visión sobre el fin de la existencia, sino que proporciona herramientas críticas para la medicina forense y la biotecnología.
Esta es una prueba fehaciente de que la vida, a nivel celular, lucha por persistir mucho más allá de lo que percibimos visualmente. La investigación subraya que el cuerpo es un ecosistema complejo donde la muerte total solo llega cuando la última de sus células ha agotado su reserva energética final.
¿Cómo es el proceso de deterioro del cuerpo luego de morir?
El proceso de deterioro del cuerpo humano tras el fallecimiento es una transición biológica por etapas. Según la investigación, el organismo no se apaga de golpe, sino que sigue una secuencia de degradación celular y física:
- Minutos iniciales: el corazón deja de latir y la sangre deja de circular. El cerebro cesa su actividad eléctrica principal debido a la falta de oxígeno, provocando la muerte clínica.
- Primeras horas (Algor mortis): el cuerpo comienza a perder calor de forma gradual hasta igualar la temperatura del ambiente. Los músculos se relajan totalmente en una fase inicial.
- De 2 a 6 horas (Rigor mortis): los músculos se vuelven rígidos debido a cambios químicos internos. Esta rigidez suele empezar por los párpados y la mandíbula antes de extenderse al resto del tronco y extremidades.
- De 24 a 48 horas: comienza la autolisis o autodigestión. Las células del cuerpo se rompen y liberan enzimas que empiezan a deshacer los tejidos desde el interior hacia afuera.
- A partir del tercer día (Putrefacción): las bacterias del tracto intestinal comienzan a descomponer los órganos blandos. Esto causa gases que producen hinchazón y olores característicos del proceso.
- Hasta los 17 días (Supervivencia celular): según el estudio mencionado, las células madre musculares logran sobrevivir en un estado de latencia. Estas células entran en “modo pausa” para resistir la falta de oxígeno y nutrientes mucho después que el resto de órganos.
- Semanas siguientes: los tejidos blandos se licúan progresivamente. La piel empieza a desprenderse y el cuerpo entra en una fase de reducción esquelética.
- Meses y años: finalmente, solo quedan los restos óseos y los tejidos más resistentes como los dientes o el cabello, dependiendo de las condiciones climáticas y del terreno donde se encuentre el cuerpo.
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