Por: El Espectador

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Este artículo fue curado por pulzo   Ene 13, 2026 - 11:49 am
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Tradicionalmente se ha concebido el lenguaje como una facultad exclusiva de los seres humanos, diferenciando nuestra especie del resto del reino animal por la capacidad de asociar palabras a objetos o acciones. Sin embargo, investigaciones recientes abren nuevas perspectivas sobre los límites de estas habilidades en otros seres vivos, en particular en los perros domésticos. Un estudio divulgado por la revista Science expone que existe un reducido grupo de perros con habilidades excepcionales para la comprensión y el aprendizaje de palabras, quienes pueden adquirir vocabulario, no solo por instrucción directa, sino también mediante la simple escucha de interacciones verbales entre humanos.

El interés de este hallazgo radica en demostrar que algunos procesos cognitivos considerados parte esencial de la adquisición del lenguaje podrían estar presentes en otras especies. Según el trabajo analizado, al igual que los bebés humanos de alrededor de 18 meses que aprenden observando a adultos en conversación, ciertos perros pueden asociar palabras a objetos sin necesidad de que estos estén presentes de manera simultánea. Esto sugiere la existencia de mecanismos de aprendizaje social en los perros, similares a los detectados en los primeros estadios de la infancia humana. Los investigadores consideran que adentrarse en cómo estos procesos se manifiestan en otras especies brinda pistas sobre la evolución de las capacidades cognitivas necesarias para el desarrollo del lenguaje.

Diversos estudios, citados por los autores del artículo, ya habían documentado que los perros, desde temprana edad, responden a gestos, siguen la mirada humana y reconocen palabras o comandos cotidianos aun fuera de una instrucción directa. Sin embargo, identificar la adquisición espontánea de nombres de objetos entre perros superdotados para el aprendizaje representa un reto mayor. A través de un cuidadoso protocolo experimental, los científicos distinguen entre el aprendizaje genuino y la simple preferencia por objetos novedosos, observando que solo un pequeño número de perros logra asociar nuevas palabras con objetos tras escuchar conversaciones ajenas.

El experimento consistió en presentar a estos perros juguetes inéditos, exponiéndolos a sus denominaciones mediante dos modelos: interacción directa y escucha pasiva entre humanos. Posteriormente, los animales debían identificar el objeto correcto al ser nombrado, entre varios ya conocidos. Los resultados demostraron que estos perros eran capaces de aprender palabras de ambas formas y conservar el vínculo palabra-objeto durante al menos dos semanas, una capacidad cognitiva avanzada para su especie. Por el contrario, los perros sin experiencia previa con nombres de objetos no desarrollaron la misma habilidad bajo este protocolo.

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Shany Dror, autora principal del estudio del Clever Dog Lab, de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, enfatizó que los procesos de aprendizaje sociocognitivo al escuchar conversaciones no son exclusivos de los humanos, pero sí poco comunes entre los perros. Los llamados perros superdotados suponen un recurso valioso para ahondar en los orígenes de la comunicación verbal y la evolución de la inteligencia animal. Sin embargo, la mayoría de los perros no comparte esta capacidad, lo que resalta su singularidad y el potencial científico que posee su estudio.

¿Cuál es la diferencia entre aprender comandos y aprender nombres de objetos en los perros?
La diferencia esencial entre aprender comandos y aprender nombres de objetos en los perros radica en el nivel de complejidad cognitiva que implica cada proceso. Aprender comandos como “siéntate” o “abajo” requiere que el perro asocie una palabra a una acción concreta, una capacidad que la mayoría de los perros domésticos puede desarrollar con relativa facilidad, tal como documentan diferentes estudios referenciados en el artículo de Science. Sin embargo, reconocer y recordar nombres de objetos concretos —por ejemplo, juguetes— exige no solo memorizar términos, sino establecer una asociación entre una etiqueta verbal y un objeto determinado, diferenciándolo de otros similares. Esta habilidad se ha observado únicamente en un grupo muy reducido de perros superdotados para el aprendizaje de palabras, y es considerada una forma más elaborada de cognición social y memoria.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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