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El Pico y placa ambiental es una de las medidas implementadas por mandato del Tribunal Superior de Ibagué con el objetivo de reducir el tránsito vehicular en la vía que comunica Manizales con Murillo. Según Simón Alexánder Moreno Gutiérrez, jefe del Área Protegida del Parque Nacional Natural (PNN), esta disposición ha logrado disminuir notablemente el flujo de autos en este corredor estratégico, buscando así la conservación del delicado ecosistema andino. Sin embargo, los desafíos persisten en temporadas de alta afluencia turística, periodos en los que la indisciplina de algunos visitantes pone en entredicho la efectividad del control.
Durante estas fechas, se observa con frecuencia que turistas se adentran en zonas prohibidas para tomar fotografías, ignorando los límites y pisoteando áreas donde crecen los frailejones, una especie esencial para el mantenimiento del páramo. La presencia de visitantes en estos sectores restringidos se ha documentado en videos compartidos a través de redes sociales, lo que genera preocupación entre las autoridades ambientales. Aunque las fechas exactas de los incidentes grabados no siempre se conocen, se trata de episodios recurrentes, especialmente durante los fines de semana.
Moreno Gutiérrez reconoce que la situación obliga a mantener una vigilancia constante, desplegando puntos de control móviles tanto en la carretera que une el río Gualí y Ventanas, como en la cuenca del río Lagunilla, camino a Murillo y Villahermosa. La insistencia del funcionario es clara: se invita a los visitantes a no detenerse ni ingresar a los frailejonales. Circular por la vía, sin alterar los ecosistemas, es fundamental para evitar impactos negativos cuya reparación resulta compleja y costosa.
La tarea de custodiar este entorno natural no cesa. Se intensifica la vigilancia durante toda la semana, aunque el comportamiento repetitivo de quienes no acatan las restricciones convierte el monitoreo en un reto permanente para los equipos de control. El compromiso por proteger estos territorios requiere esfuerzos ininterrumpidos y la colaboración efectiva de los turistas que los visitan.
Los daños causados por el turismo descontrolado tienen consecuencias severas tanto para la flora como para la fauna del parque. Según Simón Alexánder Moreno Gutiérrez, el paso frecuente de personas sobre los humedales y frailejonales perjudica notablemente la capacidad regenerativa de estos ecosistemas. Además, actos como el levantamiento de cercas y alambres de púas para ingresar en zonas protegidas facilitan la propagación de patógenos, que pueden afectar la salud de las plantas y comprometer la germinación de sus semillas.
Otro problema identificado es la proliferación del retamo espinoso, una especie europea invasora presente especialmente en la cuenca del río Lagunilla, cuya expansión ha avanzado hacia los alrededores de la vía. Este fenómeno añade presión sobre los ambientes nativos, alterando el equilibrio ecológico de la zona. La presencia humana, sumada a la acción de especies invasoras, compromete la subsistencia de la vegetación local.
Un aspecto técnico importante señalado por el funcionario se refiere a la necromasa, es decir, la materia orgánica muerta depositada en los frailejonales. Esta capa no solo resguarda físicamente a los individuos vegetales, sino que también constituye hábitat fundamental para numerosas especies de fauna. La alteración de estas áreas puede romper cadenas importantes en el ciclo de nutrientes y la estabilidad del ecosistema.
Así, las autoridades reiteran la urgencia de respetar las normas, pasar sin detenerse en los puntos críticos y comprender que el contacto desmedido con la naturaleza puede ser dañino. La preservación del páramo exige una conciencia profunda sobre las consecuencias de las acciones humanas y la disposición a contribuir a su conservación.
¿Por qué son importantes los frailejones para el ecosistema de páramo?
La relevancia de los frailejones radica en que son especies clave para la conservación y el equilibrio de los ecosistemas de páramo. Según lo explicado en el artículo, el daño a estos individuos provoca efectos negativos en la regeneración del área y facilita la transmisión de enfermedades vegetales, además de poner en riesgo la necromasa, que sirve de hábitat a la fauna y protege los suelos. Su protección, por tanto, va más allá de la preservación de plantas específicas e incide en la salud de todo el entorno natural circundante, afectando también la provisión de agua y la estabilidad climática local.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
¿Dónde queda el puente de cristal y el letrero más grande de Colombia?
En Manizales, el nuevo puente de cristal del Bulevar de Chipre se roba todas las miradas. Una obra moderna que conecta arte, turismo y sostenibilidad, con vistas de 360° al Eje Cafetero. Diseñado con pisos transparentes y zonas culturales, este espacio marca un nuevo comienzo para la ciudad, impulsando su economía y atrayendo viajeros de todo el país. También, y a solo unas horas de Bogotá, otro rincón conquista a los turistas: el pueblo con el letrero más grande de Colombia, famoso por su imponente “Cascada del Amor” en Macanal (Boyacá).
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