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La historia de los hipopótamos en Colombia se remonta a los años ochenta, cuando fueron introducidos de manera ilegal por el narcotraficante Pablo Escobar en la Hacienda Nápoles, ubicada en Puerto Triunfo, Antioquia. Inicialmente llegaron cuatro ejemplares (un macho y tres hembras) procedentes de Estados Unidos. Tras la muerte de Escobar en 1993, los animales quedaron sin control, reproduciéndose aceleradamente y convirtiéndose en una especie invasora en la cuenca del río Magdalena, según registros del Ministerio de Medio Ambiente.
Actualmente, cuarenta años después de su llegada, el número de hipopótamos en Colombia oscila entre 180 y 200, conforme a los censos oficiales del año 2024. Estos animales han expandido su área de distribución a lo largo del Magdalena Medio, reportándose avistamientos recientes incluso en zonas como Barrancabermeja, Santander. Sin embargo, la ejecución efectiva del Plan de Manejo nacional, presentado en junio de 2024, continúa pendiente y no se ha esclarecido la asignación de recursos necesarios para su implementación, de acuerdo con lo documentado por El Espectador y La Patria.
La expansión de la especie genera preocupación por sus impactos ecológicos. Diversos actores, como la médica veterinaria Paula Patiño de Corpocaldas, han explicado cómo los hipopótamos desplazan fauna nativa y compiten por recursos alimenticios. La acumulación de excrementos ocasiona procesos de eutrofización —un término usado para describir el incremento excesivo de nutrientes en cuerpos de agua, lo que estimula el crecimiento de algas y causa disminución de oxígeno— y contamina ecosistemas donde habitan especies como el manatí y la nutria.
En cuanto a posibles dispersiones hacia otras regiones, Corpocaldas ha desmentido rumores de presencia de hipopótamos en Caldas y en el río Cauca, subrayando la existencia de barreras geográficas y el monitoreo permanente en puntos críticos como La Dorada. A la fecha, las verificaciones de campo han descartado avistamientos que circulaban en redes sociales y medios, y se mantiene un llamado a la comunidad para reportar posibles casos únicamente a través de los canales oficiales, evitando alarmas infundadas.
El comportamiento de estos animales requiere respeto y precaución, ya que son altamente territoriales y pueden reaccionar con agresividad si perciben amenazas. Las autoridades ambientales recomiendan no intentar acercarse ni manipular ejemplares, sino dar aviso inmediato. El contacto habitual de los hipopótamos con cuerpos de agua suma a la importancia del reporte por parte de pescadores y habitantes ribereños, quienes conocen de primera mano los movimientos en estos entornos.
En el nivel nacional, el Ministerio de Medio Ambiente, en coordinación con el Instituto Humboldt y otras entidades, formuló en 2024 un Plan de Manejo y Control de la población de hipopótamos, priorizando opciones como translocación —el traslado a otros países—, caza de control, confinamiento, alertas tempranas e intervención social. De acuerdo con la directora de Bosques y Biodiversidad del Ministerio, Natalia María Ramírez, actualmente se exploran acuerdos con ocho potenciales países receptores, aunque aún no hay autorización formal. Sobre la eutanasia, la funcionaria precisó que todas las opciones deben analizarse en conjunto, priorizando el bienestar animal y la protección de la biodiversidad nativa.
La esterilización, implementada entre 2010 y 2014 por la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare), ha logrado algunos avances, pero no resuelve de fondo el impacto ecológico ni limita el perjuicio a los ecosistemas y comunidades. En este contexto, la presencia de esta especie exótica plantea un reto de largo alcance para la gestión ambiental, la salud pública y la preservación de la fauna y flora autóctonas.
¿Qué criterios determinan que una especie sea considerada invasora?
Esta es una pregunta central para entender el problema de los hipopótamos en Colombia. Conforme a la explicación dada por Paula Patiño de Corpocaldas, una especie invasora es aquella que, introducida en un ecosistema fuera de su rango natural, consigue establecer poblaciones auto sostenidas y afecta negativamente a la biodiversidad nativa. El término adquiere mayor relevancia en el caso de los hipopótamos, pues su presencia no solo altera el equilibrio ecológico, sino que muestra cómo la introducción intencional de especies puede desencadenar transformaciones difíciles de revertir.
Identificar el carácter invasor de una especie sirve para dirigir políticas específicas: desde el monitoreo constante hasta acciones de control, manejo y educación comunitaria. Así, el concepto no solo es técnico, sino que delimita la urgencia de estrategias integrales para mitigar impactos y prevenir futuras crisis ambientales.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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