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El debut de Kill Bill: Volumen 1 en 2003 marcó un hito dentro del cine de acción y drama, consolidando a Uma Thurman en el papel de La Novia, personaje que busca vengar el intento de asesinato que sufrió junto a su hijo no nacido. Solo un año después, Quentin Tarantino —cineasta ampliamente reconocido por la crítica internacional— presentó la continuación, Kill Bill: Volumen 2. Sin embargo, durante décadas, los seguidores de este clásico exigieron una versión definitiva que fusionara ambas entregas, una experiencia que finalmente se materializa con la llegada de Kill Bill: The Whole Bloody Affair, prevista para estrenarse el 12 de febrero en salas de cine del país, según la información publicada por El Colombiano.
Esta edición especial de Kill Bill supera las cuatro horas y media de duración y presenta una narrativa continua, sin censura, que permite al público sumergirse por completo en la epopeya de La Novia. A lo largo de la historia, la protagonista, una exasesina traicionada por su jefe y examante Bill —líder de las Víboras Mortales—, sobrevive al ataque y despierta de un coma años después, con la firme determinación de saldar cuentas con quienes le arrebataron todo. El regreso a la gran pantalla de ambas partes de Kill Bill no sólo permite redescubrir el relato, sino también escenas emblemáticas reconocidas dentro de la cultura cinematográfica, como la confrontación con O-Ren Ishii en la Casa de Hojas Azules, interpretada por Lucy Liu.
Lo especialmente atractivo de Kill Bill: The Whole Bloody Affair es que Tarantino no sólo amalgamó los volúmenes originales, sino que incorporó secuencias inéditas y restauró otras que habían sido recortadas durante la primera edición. De este modo, los espectadores podrán descubrir detalles y matices ausentes en las versiones previas. La propuesta de Tarantino cobra así un sentido total, como ocurrió cuando presentó esta edición en festivales de cine internacionales —incluido Cannes— en 2006, aunque nunca llegó a distribuirse comercialmente hasta este año.
En el contexto de la decisión creativa de partir la película originalmente, la explicación está en la propia dinámica de la producción: más de cuatro horas de metraje y un presupuesto que superó los 30 millones de dólares obligaron a dividir el filme en dos partes, según sugerencia del entonces productor Harvey Weinstein, posteriormente condenado por abuso sexual. Las dos entregas fueron un éxito inmediato en taquilla y recaudaron más de 300 millones de dólares, pero el mito de la versión unificada permaneció vivo en la memoria cinéfila hasta hoy.
Las primeras reacciones en Estados Unidos, donde la nueva edición se estrenó en más de 1.000 salas en diciembre, resaltan la renovada vitalidad de las escenas y el formidable desempeño de Uma Thurman. Destacando la crítica de Jesse Hassenger en The Guardian, se elogia en especial la forma en la que Thurman logra transitar desde las exigencias físicas hasta los matices emocionales del personaje, lo que confiere una mayor profundidad a la epopeya de venganza. Por su parte, Evan Romano, de Men’s Health, llama la atención sobre la oportunidad única que representa revivir un evento cinematográfico de tales dimensiones en la gran pantalla, en tiempos donde el streaming domina el consumo audiovisual y limita el acceso a experiencias colectivas significativas.
La llegada de Kill Bill: The Whole Bloody Affair reactiva así el debate sobre la importancia de la experiencia cinematográfica en salas, invitando a redescubrir la intensidad y la narrativa completa de una obra clave dentro del repertorio de Quentin Tarantino. Con la expectativa generada en torno a este reencuentro, no solo los fanáticos sino también quienes se acercan por primera vez a la saga tienen la oportunidad de valorar la plenitud que supone ver la versión definitiva de este clásico moderno.
¿Qué diferencia a la versión “Kill Bill: The Whole Bloody Affair” de los Volúmenes 1 y 2 originales?
Esta pregunta plantea una inquietud recurrente entre quienes conocen las películas originales y desean comprender qué aporta la nueva edición estrenada. La diferencia fundamental radica en que Kill Bill: The Whole Bloody Affair integra ambas partes en una única proyección sin interrupciones, lo que permite una visión continua de la historia. Además, Tarantino incluyó secuencias y escenas nunca vistas anteriormente, restaurando fragmentos eliminados de las versiones iniciales. De acuerdo con The Guardian y El Colombiano, la extensión de ciertas escenas icónicas y la inclusión del material adicional enriquecen de modo significativo el relato y la experiencia para el espectador, ofreciendo una perspectiva más amplia de la obra que Tarantino imaginó desde el principio.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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