Lo que parecía una solución para proteger una estación de investigación científica acabó alterando el equilibrio natural de un ecosistema único. El caso ocurrió en la isla Marion, un territorio subantártico de Sudáfrica, y con el paso de las décadas se convirtió en uno de los ejemplos más conocidos del impacto que pueden causar las especies introducidas.
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Todo comenzó en 1949, cuando cinco gatos domésticos fueron trasladados a la isla con el propósito de controlar la población de ratones que afectaba las instalaciones de una base científica. En ese momento, las autoridades consideraron que los felinos serían una forma eficaz de reducir la plaga sin prever las consecuencias que tendría esa decisión.
Sin depredadores naturales y con condiciones favorables para sobrevivir, los gatos comenzaron a reproducirse a un ritmo acelerado. Con el paso de los años, la población creció hasta superar los 2.000 ejemplares, un aumento que transformó a los animales en una amenaza para la fauna silvestre del lugar.
GATOS DESTRUYEN UN ECOSISTEMA 🐱🐀
Lo que comenzó en 1949 con la introducción de cinco gatos para controlar la plaga de ratones en la Isla Marion terminó en una catástrofe ambiental. La población de felinos superó los 2 mil ejemplares, devorando unas 450 mil aves marinas al… pic.twitter.com/mKEEoWuOhR
— TV Azteca Querétaro (@AztecaQueretaro) August 4, 2026
Cuando la cantidad de ratones dejó de ser suficiente para alimentarlos, los felinos empezaron a cazar aves marinas que anidaban en la isla. Entre las especies más afectadas estuvieron varios tipos de petreles, algunos exclusivos de ese territorio, lo que provocó un fuerte desequilibrio ecológico y puso en riesgo la conservación de esas poblaciones.
Cómo lograron controlar gatos de la isla Marion
Frente al impacto ambiental, el Gobierno sudafricano puso en marcha un programa de control que incluyó la introducción de un virus específico para reducir la población de gatos, además de campañas de captura y caza controlada.
El proceso tomó varios años y concluyó en 1991, cuando las autoridades confirmaron que la isla Marion había quedado libre de gatos. Desde entonces, el caso es citado por especialistas como un ejemplo de los efectos que puede provocar la introducción de especies invasoras en hábitats frágiles y aislados.
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