Por: El Espectador

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Este artículo fue curado por pulzo   Feb 20, 2026 - 6:02 pm
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En 1970, un crucero oceanográfico liderado por la Armada Nacional de Colombia y la Comisión Colombiana de Oceanografía (CCO) arrojó un descubrimiento fundamental para la ciencia nacional: el Pacífico Sur colombiano estaba atravesado no solo por corrientes ecuatoriales, sino también por masas de agua antárticas y subantárticas. Este hallazgo quedó documentado en el Primer Seminario Nacional de Ciencias del Mar (1971), llevado a cabo en Cartagena, y marcó el inicio del interés científico colombiano por la Antártida y su influencia en el país.

Esa conexión con el extremo sur planetario fue profundizándose con el tiempo. Pasaron más de 40 años desde el primer estudio para que, entre 2014 y 2015, se organizara la I Expedición a la Antártida de Colombia. Actualmente, en la XII Expedición Antártida de Colombia, investigadores, ingenieros y científicos recorren los territorios polares, coordinando esfuerzos con la Fuerza Aeroespacial Colombiana y docentes de la Pontificia Universidad Javeriana para desarrollar tecnología, arquitectura e innovación cruciales para el futuro científico nacional en la región.

Esta tradición de participación activa en el estudio antártico se remonta a la década de los años 70, cuando científicos colombianos empezaron a integrarse en expediciones internacionales. Un ejemplo destacado es el geólogo José Abigail Lozano, quien en 1974 estudió la temperatura y la fauna antártida durante la última glaciación, tomando muestras a 4.500 metros de profundidad. Hoy en día, los retos se orientan a la permanencia científica colombiana en la Antártida con tecnología propia.

El Programa Antártico Colombiano (PAC), según su política estatal, busca establecer infraestructuras que permitan la autonomía y la autogestión de las actividades nacionales, desarrollando condiciones de habitabilidad para investigación durante el verano austral. Sin embargo, los desafíos son enormes: temperaturas extremas, vientos intensos y exigencias ambientales dictadas por el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente, como el uso de materiales sostenibles y gestiones responsables de residuos.

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Cuatro proyectos universitarios sobresalen en este marco: la Estación Científica Hércules, enfocada en el diseño preliminar de una base permanente; el Hábitat Científico Análogo Espacial (HACAE), una cápsula construida en parte con empaques reciclados de tetra-pak, ya instalada cerca de la Base Antártida Conjunta Marambio (Argentina) para analizar su resistencia; el proyecto Hidrógeno Austral, cuyo fin es desarrollar energía limpia mediante la electrólisis del agua y el uso de fuentes renovables; y Viento Sur, investigación sobre las complejas condiciones meteorológicas para mejorar la operación aérea y la seguridad en los aterrizajes en pistas de hielo.

El trabajo conjunto entre ingenieros y arquitectos como Lucas Rafael Ivorra Peñafort y Federico Núñez ha permitido avanzar en el diseño y la comprobación de soluciones sostenibles, resistentes y de bajo impacto ambiental. Si el HACAE supera con éxito las pruebas, será posible entrenar en él misiones análogas para condiciones extremas similares a las del espacio, submarinos u otras áreas confinadas.

Paralelamente, con la producción de hidrógeno verde y el análisis de los vientos, Colombia se propone mantener energías limpias y operaciones logísticas seguras, fundamentales para preservar el frágil entorno antártico. La visión es a largo plazo: según Daniel Ricardo Suárez, gestor de los proyectos en la Javeriana, construir una verdadera estación científica colombiana podría tomar de 15 a 20 años, pero sembrar esas semillas significa apostar por el desarrollo tecnológico y científico del país.

Estos esfuerzos convergen en la convicción de que la ciencia no solo debe quedarse en la academia, sino incidir en el desarrollo nacional y en la presencia de Colombia en escenarios globales estratégicos, como el continente blanco.

¿Qué es el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente y por qué es relevante para proyectos colombianos en la Antártida?

El Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente es un acuerdo internacional que establece normas estrictas para salvaguardar el ecosistema único y frágil del continente antártico. Este protocolo exige que todas las actividades humanas –incluidas las científicas y logísticas– minimicen su impacto, empleen materiales amigables, gestionen biorresiduos y utilicen energías limpias.

Para Colombia, la adhesión a estas normas es fundamental: cualquier proyecto, como las estaciones científicas o hábitats análogos, debe planearse y ejecutarse bajo estos criterios. De allí la importancia de la innovación en materiales sostenibles, producción de energías limpias y logística eficiente, garantizando así el cumplimiento de los compromisos internacionales y la protección de la Antártida como patrimonio común de la humanidad.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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