“No son las Farc, que en buena hora se desarmaron; ni el coco de Gustavo Petro, con que tanto nos ha asustado la caverna. Quien nos está llevando a esa debacle es el propio expresidente Álvaro Uribe y sus devaneos fascistas“, sostiene la columnista, en Semana.

La dura acusación, según ella, se debe a que “su discurso es cada día más antidemocrático y más tirano“, sobre todo desde que la Corte Suprema de Justicia inició su proceso.

“En Colombia se ha iniciado una toma de nuestro Estado que busca arrasar con las libertades individuales, con la independencia de los jueces, con el derecho al disenso, a la oposición y con la voz de los pocos periodistas que todavía incomodamos”, añade la columnista.

En su opinión, prueba de ello es su ataque contra el alto tribunal, apoyado en el contrato con una empresa estadounidense para divulgar su versión de los hechos, pero que, según ella, lo que difunde son “matrices falsas para que sus huestes se indignen y lo apoyen en su cruzada antidemocrática”.

En ese sentido, también habla de las suspicacias suscitadas por una reunión entre el expresidente Juan Manuel Santos con su exministro Juan Fernando Cristo y el líder del partido Farc Rodrigo Londoño, ocurrida esta semana, y que “un portal uribista convirtió (…) casi en un acto terrorista y en la prueba fehaciente de la existencia de las nuevas Farc”.

“Estamos llegando al extremo de que las libertades individuales empiezan a ser proscritas por el partido de Gobierno y su máximo jefe, y a que a todos los que forman parte de la oposición se les ponga bajo sospecha. Así comenzó el fascismo: acabando con las libertades individuales e imponiendo una sola visión política a sus súbditos”, escribe la periodista de Semana

“Duque, el presidente, está mudo. Su paz con legalidad se está convirtiendo en un Gobierno de tinte fascista, en el que un Uribe desbordado quiere imponer un Estado en que los individuos no tengan libertades individuales y en el que se nos someta a un solo pensamiento y a un solo partido, como sucede en el fascismo”, concluye la columnista.